EFEBarcelona

El Museo Picasso acoge a partir de hoy una excepcional muestra, "Cubismo y Guerra. El cristal en la llama", con 68 obras de artistas como Picasso, Juan Gris, Diego Rivera o Matisse, de las que se desprende que los cubistas que se quedaron en el París de la Gran Guerra optaron por no pintar sobre el conflicto.

Muestra estrella de la temporada, por primera vez en Barcelona se da a conocer a través de un proyecto expositivo la relación del movimiento cubista con el período de la Primera Guerra Mundial, comisariado por Christopher Green, quien, de forma cronológica, ha dispuesto las piezas en seis salas diferentes, consiguiendo que muchas de ellas dialoguen entre sí.

Green, acompañado por el teniente de alcalde Jaume Collboni y el nuevo director del centro, Emmanuel Guigon, ha explicado en rueda de prensa que ha querido mostrar el contraste entre lo que fueron los "horrores de la guerra", con la capital francesa situada a apenas cien kilómetros del frente occidental, y unos lienzos y unas esculturas con "mucha vida".

En su tesis, el comisario sostiene que los diferentes artistas residentes en la ciudad actuaron así "como refugio, resguardo, como defensa, porque no querían pintar la guerra".

Rechazaron el conflicto bélico como tema, dejaron a la fotografía que se encargara de ello y siguieron con las "puertas abiertas" a las posibilidades que les planteaba la pintura y la escultura como antes del 3 de agosto de 1914.

Christopher Green ha conseguido reunir varias obras maestras, procedentes de una cuarentena de museos, galerías y coleccionistas, desde The Metropolitan Museum of Art de Nueva York hasta el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía o la Tate de Londres.

Hay 13 obras de Pablo Picasso, 14 de Juan Gris, 7 de Diego Rivera (algunas muy poco conocidas de su etapa cubista), 7 de Henri Matisse (un artista que quería luchar contra los alemanes pero que no pudo por cuestiones de edad), 3 de Maria Blanchart, 5 de Georges Braque, 7 de Henri Laurens, 6 de Fernando Léger, 4 de Jacques Lipchitz y 2 de Gino Severini.

En medio de las diferentes salas, Green ha creado una zona de documentación con fotografías en blanco y negro sobre las trincheras, se proyecta un documental sobre el frente y hay cartas y documentos de la época porque tampoco quería que se olvidara la "oscuridad" y que en la Primera Guerra Mundial se contabilizaron 21 millones de muertos y hubo 70 millones de heridos.

Ha reconocido que el hecho de ubicar las diferentes obras de forma cronológica "es muy convencional, pero está hecho adrede para que los visitantes vayan viendo, tal y como avancen por las salas, cómo se iba desarrollando la guerra.

En la primera sala destacan los abstractos rasgos de "Cabeza de hombre", de Picasso, que "conversa" con otras obras de Diego Rivera, quien "desdobla" la cara de su amigo Jacques Lipchitz, y de Juan Gris, quien adhiere etiquetas y titulares de periódicos con los que introduce elementos de la actualidad en los lienzos.

Matisse, con "Flores y cerámica", y Léger, con "La escalera", también son protagonistas de esta sala.

En la segunda de las salas, sobresale la obra maestra de Gris, "Naturaleza muerta frente a una ventana abierta, plaza Ravignan", la panorámica que el pintor, un hombre sin recursos, veía desde su casa, en un París oscuro, puesto que había restricciones con la luz, fragmentando el espacio.

Diego Rivera en su "Naturaleza muerta" recuerda el último verano antes de la guerra en Mallorca, mientras Picasso muestra en una serie de dibujos que su producción continuó, pese a estar en una ciudad marcada totalmente por la guerra.

Green ha destacado, asimismo, un dibujo "maravilloso" de 1915 de Picasso sobre el marchante Léonce Rosenberg, quien ayudó económicamente al grupo de los cubistas durante el período.

Las obras de María Blanchard también se ponen en relevancia en esta exposición, igual que algunas esculturas como "Cabeza de mujer" de Henri Laurens.

A pesar de que los artistas quedaron al margen del conflicto, Gris, con "Naturaleza muerta con placa", recuerda a los millones de víctimas de la guerra, y en la última sala lo que destaca es la "diversidad" de las obras del grupo, contrastando la de Braque con la de Gris y Laurens.

A la vez, se puede comprobar a través de sus estudios cómo Picasso y Rivera entran en los nuevos realismos.