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La guitarra clásica española, tan poetizada pero a la vez tan olvidada en el imaginario sinfónico, protagonizará este jueves un concierto "único" en el Teatro Real con el que, a la vez, se homenajeará a quien reivindicó este instrumento y luchó por ampliar sus horizontes, el recientemente fallecido Ángel G. Piñero.

"Nunca se ha hecho algo así. Ángel era un apasionado de la guitarra clásica española y le daba pena que no fuese tan popular, porque todo el mundo conoce el 'Concierto de Aranjuez', pero probablemente pocos podríamos citar otra obra más en la que tenga un papel protagonista", ha destacado hoy en rueda de prensa su viuda y musa, Catherine Lacoste.

Fue ella quien hace aproximadamente dos años "soñó" que no habría mejor celebración por el 90 cumpleaños de su marido que esta cita en el Real, una iniciativa que "gustó a todo el mundo y encontró el entusiasmo y cariño muy profundo" de todos los implicados.

Entre ellos estaba el propio Piñero, que capitaneó todas y cada una de la decisiones, pero su inesperada muerte el pasado 21 de febrero le hurtó la posibilidad de participar en este concierto, al que se dio el título de "ReCuerdas de una vida" y que servirá de forma póstuma para honrar su figura.

Nacido en Cádiz en 1932, su biografía destaca por el tesón de convertirse en intérprete en una España empobrecida y fracturada por la posguerra y, después, por perseverar más allá de sus casi dos décadas de estudios de conservatorio entre Barcelona y Múnich para, también como compositor, ampliar las posibilidades de la guitarra.

Gracias a esa inquietud por ejemplo ideó un prototipo de guitarra que le permitía tocar con las dos manos, una destreza personal que desarrolló al constatar que la música antigua sonaba mejor si las cuerdas eran tañidas con las yemas de los dedos y la moderna, con las uñas.

Contribuyó además a ampliar el repertorio de este instrumento en registros poco habituales, creando por ejemplo composiciones para cuarteto de cuerdas o en las que se fusionaba con la danza.

Como muestra de ello, el concierto de mañana, bajo la dirección del director José Antonio Montaño, recreará partituras de toda su vida, pero especialmente de sus últimos 20 años, cuando abandonó su papel de intérprete y las 11 horas diarias que dedicaba a la práctica y se centró más en su faceta de autor, con piezas que ahondaban en la orquestación.

El italiano Luca Romanelli y el ucraniano Stanislav Steshenko, premiados ambos en el Concurso Internacional de Guitarra Clásica Ángel G. Piñero, se alternarán a las cuerdas en un programa dividido en dos partes.

La primera, para guitarra solista, tendrá carácter introspectivo y estará integrada por "Meditación" (dedicado a las víctimas de la pandemia), "Preludio azul" (que fue un tributo a la madre del compositor, fallecida en la Guerra Civil) y "Evocación" (en recuerdo a su hermano).

"Murmullo musical", "El viento de la vida" y "Caprichos" sonarán después, así como "Canto al difunto Francisco", una pieza inédita que vivirá aquí su estreno mundial con la participación del bailarín Manuel Garrido y que Piñero dedicó a su padre, desaparecido en la Guerra Civil.

La primera parte, que concluirá con "Viaje nocturno", acogerá otro estreno mundial, "Balada a una desconocida", para canto y guitarra, inspirada en Catherina Lacoste e interpretada por la soprano Estíbaliz Martyn y el Cuarteto Chagall.

La segunda parte traerá obras para guitarra y orquesta de carácter festival, con las que se rinde tributo al Cádiz natal del autor, así como a distintos paisajes y tradiciones de España, con la participación de la Orquesta Clásica Santa Cecilia.