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Hay dolores que resuenan como un eco en la historia. Es el caso del "último fugitivo" de Herculano, un varón de unos 40 años arrollado por la primera colada del Vesubio mientras buscaba la salvación y cuyo reciente descubrimiento promete aportar más luz sobre una de las mayores tragedias que el mundo ha conocido.

"Su hallazgo me transmitió empatía", confesó hoy Francisco Sirano, el director del parque arqueológico de Herculano, una de las urbes romanas junto a Pompeya borradas del mapa por la violenta erupción del Vesubio hace dos milenios, en el año 79 d.C.

Este yacimiento del sur italiano anunció el pasado octubre el descubrimiento de un esqueleto empotrado en una pared de roca cerca de la playa, bautizándolo como el "último fugitivo" de la tragedia, y enseguida surgió un interrogante: ¿quién era aquel desdichado?

¿QUÉ SE SABE DE ÉL?

Por el momento hay poca información. Se sabe, según los últimos datos presentados hoy, que era un hombre de unos 40 y 45 años que se encontraba cerca de la costa cuando acabó arrastrado por la primera colada de fuego, cenizas, gas y restos de la antigua ciudad.

Sus ropajes se "evaporaron inmediatamente" debido a las altísimas temperaturas alcanzadas y en sus huesos aún se pueden apreciar numerosas fracturas debidas a los golpes y mutilaciones que sufrió por los restos sumidos como él en el torrente piroclástico.

Las investigaciones para conocer más sobre este hombre proseguirán y será clave el estudio de los restos de una cajita de madera que acaba de ser localizada y que al parecer la víctima llevaba consigo envuelta en una tela. Lo esencial y, seguramente, más valioso de su vida.

UNA EXCAVACIÓN MODERNA

Todo el área será objeto de un análisis "multidisciplinar" para documentar la colada del volcán, financiado por el Ministerio de Cultura y con el apoyo del Packard Humanities Institute, que ha donado el proyecto de ordenación de la zona de la vieja playa.

"Herculano no decepciona jamás y cada vez que se abre un frente se descubren restos increíbles", celebró la directora del Herculaneum Conservation Project, un programa filantrópico que desde el 2001 se encarga de proteger y potenciar este yacimiento arqueológico.

Sobre los restos óseos y orgánicos localizados, a la vista de todo aquel que se pase por el sitio, se efectuarán exámenes láser y escáneres para devolverles su aspecto tridimensional.

Se trata del hallazgo del primer esqueleto desde que hace 25 años se concluyeran las excavaciones en Herculano, que hasta entonces había documentado un total de 330 osamentas de hombres, mujeres y niños que sufrieron el mismo trágico final que este último.

A su lado se han encontrado numerosos restos arrastrados por las coladas, como arbustos, raíces, árboles, grandes vigas de edificios, fragmentos de cornisas, tejados y hasta mástiles de barcos, ecos de una ciudad entonces al borde de una extinción segura.

El esqueleto, encontrado en posición supina con la cabeza mirando hacia la urbe, conmueve y da fe del "sentido de humanidad" que aún se respira en Herculano, tal y como defendió su director.

LA TRAGEDIA DE HERCULANO

En el año 79 d.C una explosión imprevista interrumpió la vida de todas las ciudades que rodeaban al cráter y una columna de material piroclástico de catorce kilómetros de altura provocó una lluvia de ceniza y piedra sobre Pompeya, Herculano, Oplontis o Estabia.

Era el inicio de una tragedia en la que Herculano fue la primera víctima, arrasada primero por una ola de calor de unos 400 grados centígrados y después por una avalancha que sepultó la urbe bajo una capa de veinte metros de espesor de material volcánico.

Estas ciudades, prósperas por el creciente turismo del Imperio Romano, acabaron en el olvido y envueltas en el mito hasta su descubrimiento a mediados del siglo XVIII, cuando dieron inicio las excavaciones por voluntad del rey de Nápoles Carlos de Borbón, que después se convertiría en Carlos III de España.

El escritor romano Plinio el Joven, testigo de la tragedia y quien perdió en la erupción a su tío y tutor, Plinio el Viejo, narró lo ocurrido en una serie de epístolas a su amigo, el historiador Tácito, que dan fe del infierno terrenal que se desató.

Precisamente este último dato podría tener algo que ver con este esqueleto: los investigadores reconocen que sobre las razones por las que se encontraba en la costa solo pueden ser hipótesis, y la más barajada es que podría estar esperando a embarcarse en la flota de Plinio el Viejo para escapar.

Una salvación que nunca le llegó, como a muchos de sus desgraciados vecinos.

Por Gonzalo Sánchez