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La cantaora sevillana Esperanza Fernández vive el que podría ser el mejor momento de su carrera, con disco recién estrenado y gira en ciernes, en un mundo, el del flamenco, en el que la igualdad es un hecho gracias “al camino que abrieran muchas flamencas, como Pastora Pavón -"La niña de los Peines- o Carmen Amaya”.

Lo ha dicho en una entrevista con EFE en el teatro Cartuja Center de Sevilla, donde hasta 2.000 personas podrán ver el próximo 19 de febrero el inicio de la gira ‘Se prohíbe el cante’, espectáculo realizado con la base de su último disco, en el que participan figuras como Tomatito, Miguel Poveda, Marina Heredia o Arcángel.

Todo lo que el público verá se inspira en los carteles que durante la dictadura franquista se colgaban en las peñas y tabernas, prohibiendo "terminantemente" el cante, y, con esa premisa, la cantaora prepara “dos horas intensas de espectáculo”, en un nuevo exponente de que la mujer, hoy día, ha conseguido asentar una igualdad en el flamenco que cada día tiene nuevos ejemplos.

“Pastora, "La Repompa" -Enriqueta Reyes- o Carmen Amaya son mujeres que me marcaron, que nos han puesto a otras el camino muy fácil”, dice, para recordar que, en ese camino, “se pasaron fatigas, pero ahora tenemos más libertad”.

Precisamente, el adelanto que se conoció de su disco fue ‘Repompa y Pastora', unos tangos cantados junto a Miguel Poveda en homenaje a estas referentes de un arte en el que afirma que se siente cómodo en todos los ámbitos, pero “me gusta especialmente estar acompañada por una guitarra o un piano”, lo que ha mamado desde que era niña en el barrio sevillano de Triana.

Esperanza Fernández habla de todo un poco durante la entrevista, en la que los “puristas” salen a relucir, aunque para ella, “no hay nada que debatir”, porque los considera parte del flamenco, pero les pide que “no se queden entre cuatro paredes” y abran los ojos a lo diverso que es el flamenco en todos los sentidos.

“Los puristas son los puristas y los respeto”, afirma, para, rápidamente, mostrar la ilusión que tiene por el estreno de su gira, con la responsabilidad de hacerlo en un teatro con un impresionante patio de butacas, y para el que pide, no solo que vaya la gente a verla, sino que se disfrute compartiendo con ella su espectáculo.

Y que se disfrute con una artista versátil, que admite que “Dios me ha dado una voz que me permite hacer muchas cosas”, y que llega a este punto de su carrera con una experiencia que le hace afrontar con garantías todo un reto, tanto en disco como en directo, además de ser protagonista de un documental homónimo que homenajea a los cantaores que sobrevivieron a la prohibición franquista.

“No estoy nerviosa con lo que se avecina, estoy feliz, con los nervios sanos de estar contenta”, afirma cuando se le cuestiona en torno a los intensos preparativos que un concierto como el del 19 de febrero requiere para la voz y la mente.

La gira se inicia en Sevilla y ya tiene una decena de fechas cerradas, siempre pendiente de la pandemia y los datos de contagio que conlleva, y “aunque parece que la cosa se va solucionando poco a poco”, solo pide “que volvamos a ser como antes, porque la cultura es muy necesaria para la mente”.

La cantaora se despide con una sesión de fotos en el teatro ahora vacío que espera llenar en tres semanas, con una frase que resume las ganas que tiene de que se levante el telón: “Ojalá, cuando terminen las dos horas que voy a estar en el escenario, la gente se quede con ganas de más”.

Fermín Cabanillas