EFEBarcelona

El filósofo Josep Maria Esquirol, Premio Nacional de Ensayo en 2016, sigue desde hace años el camino del pensamiento para llegar a lo más profundo de la persona. Ahora acaba de publicar "Humano, más humano: Una antropología de la herida infinita", una obra donde reflexiona sobre todo ello.

En una entrevista con Efe este martes, Esquirol defiende que a partir de sencillas preguntas como "¿qué te pasa?", "¿cómo te llamas?" o "¿de dónde vienes?", cada persona puede ir acercándose hasta lo más profundo del alma, hasta donde se descubre la herida originada por lo que él denomina las cuatro infinitudes esenciales: la vida, la muerte, tú y el mundo.

El autor de "La resistencia íntima", también publicada por Acantilado/Quaderns Crema, defiende que "esta maravilla de sentirnos venidos al mundo, de nacer, no significa sólo el momento del parto".

"Venir a la vida -argumenta- a la luz, a esta experiencia que todos hacemos de una forma u otra, es algo increíble, que no se puede explicar, ni se explicará y es este algo increíble lo que nos lleva a la hondura que nos constituye".

A pesar de que la ciencia, prosigue, explica mucho de lo que ocurre, desde series causales, acontecimientos o la estructura de la materia, sigue siendo "inexplicable que una persona concreta, con un nombre, esté aquí, es algo no explicable, es increíble, y esta expresión coloquial creo que es la mejor para decir esto".

En cuanto a las cuestiones con las que abre algunos capítulos, indica que le sirven para aseverar, por ejemplo, que "no hay mejor revelación de lo humano que la del nombre" o que la pregunta, "¿de dónde vienes?" sólo puede responderse con un "de ninguna parte", aunque todas las personas tengan padres y sean hijas de su tiempo.

A su juicio, "este tipo de preguntas son las que nos llevan a la infinitud y a la conmoción que nos constituyen".

"Es obvio que estamos tocados por la muerte -precisa- y no hace falta ni datarlo porque es desde muy pronto. El roce de la muerte es desde muy al inicio, se ve ya en los chicos, pero a la vez también está el abrazo de la vida".

Para el catedrático de Filosofía en la Universidad de Barcelona, "la vida también nos toca, de forma diferente a la muerte. Sentirse vivir es, sin duda, un gusto, es algo complaciente y gustoso y, por eso, la gente queremos seguir viviendo".

Esquirol incide en que "esto es algo que tampoco nadie ha escogido porque uno se encuentra viviendo, sintiendo el gusto de la vida y ese gusto es también una especie de herida".

En estas páginas, con momentos de diálogo con otras que conforman sus anteriores libros "La resistencia íntima" y "La penúltima bondad", Esquirol manifiesta: "Lo más humano de lo humano es la herida que nos constituye".

Piensa que "el misterio de la muerte depende del misterio de la vida. Es porque existe el abrazo de la vida que nos golpea tanto el rozamiento de la muerte".

"Observar todo esto es muy bueno, fijarnos más en el misterio del nacimiento que en el de la muerte nos podría hacer vivir la vida más esperanzadamente", apunta.

Aunque sólo lo señale un poco de pasada, en este nuevo título alude, asimismo, al suicidio y a la eutanasia un poco "para que no se criminalicen las posibles actitudes suicidas" porque considera que "la muerte siempre viene y, cuando alguien decide suicidarse, lo que hace es que ella se pueda anticipar, pero siempre es la muerte la que viene".

Sobre la eutanasia, una palabra que lamenta en ocasiones "está degenerada y corrompida", detalla que su significado es "procurar a ayudar a morir bien, con lo que cualquier persona sensata no puede estar en contra de evitar un exceso de sufrimiento, el exceso del exceso".

A pesar de que nunca ofrece recetas, sí cree Josep Maria Esquirol que puede dar indicaciones para que "de alguna manera se oriente la acción, para que, en vez de hablar tanto de futuro, hablemos más de mundo".

El pensador catalán asevera que, "en vez de decir 'vayamos a construir futuro', lo que deberíamos pronunciar es 'vayamos a hacer más mundo', una expresión que me gusta cada vez más y que significa conseguir que haya más armonía, más justicia, más limpieza".

Partidario de "intensificar la acción presente", más que de hacer previsiones, Josep Maria Esquirol sí avanza que le gustaría en este camino que recorre desde hace años hacer otra parada en todas las figuras del pensamiento que le han hecho compañía y que ve como unos amigos, desde Francisco de Asís a Emmanuel Lévinas, o mostrar cómo la tragedia "Edipo Rey" se puede leer de forma diferente a como lo hace el psicoanálisis.

Sería, especifica, "llevar algunas lecturas clásicas hacia mi terreno".

Por Irene Dalmases