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El público japonés, tan habitual en los espectáculos de la Bienal de Flamenco, ha disfrutado esta noche del acercamiento a su música tradicional que la bailaora Eva la Yerbabuena ha realizado con la colaboración de la cantante japonesa Anna Sato en un guiño al amor de Japón por lo jondo que ha entusiasmado.

Ni fusión ni adaptación sino conjunción de los shima uta, canciones tradicionales de las islas Amami al sur de Japón, en la voz de Sato con el baile flamenco de Eva la Yerbabuena por taranta, caña, cartagenera, tangos o alegrías es lo que componen el espectáculo "Cuentos de azúcar" que ha cerrado esta noche el telón del Teatro de la Maestranza en esta XX Bienal, donde el fin de fiesta entre las dos protagonistas ha sido una ceremonia del té.

Bailes flamencos y ritmos japoneses interpretados con instrumentos musicales de tradiciones diferentes como el cajón, a cargo de Rafael Heredia o el percusionista Antonio Coronel, y el taiko (gran tambor japonés) de Kaoru Watanabe se han alternado, combinándose levemente en los tangos y alegrías finales donde Ana Sato ha intercalado animadas canciones tradicionales entre el hipnótico taconeo de la bailaora granadina.

En esta ocasión se han invertido las tornas y si tradicionalmente es el público extranjero, con gran predominio de japoneses, el que tiene que traducir los sentimientos, emociones y relatos tras los quejíos jondos o taconeos, en "Cuentos de azúcar" son los espectadores españoles los que necesitan interpretar a través del cante y el baile flamencos los relatos que se esconden tras los shima uta, ya que todos ellos encierran historias.

Yerbabuena y Sato han comenzado juntas en el escenario a modo de ying y yang, con la bailaora rodeando las tablas casi como una geisha, para posteriormente ir intercalando actuaciones en solitario, como la "Nana de Amami" u el tema "Okuribuchi (despedida al hombre)" interpretadas por la cantante japonesa, o "Madre, tierra y caña" y la cartagenera con las que la granadina ha arrancado aplausos y olés.

El paso a dos con el coreógrafo y bailarín Mario Bermúdez Gil ha sido todo un poema visual de aires orientales, así como el solo a ritmo de percusión interpretado por Bermúdez que ha terminado con la voz de Sato cantando "El pulso de la luna y el pez" sosteniendo un globo en alto con forma de pez.

Además de por la japonesa Anna Sato, Eva la Yerbabuena ha contado en el escenario con el cante de Alfredo Tejada y Miguel Ortega (muy aplaudidos por el público) y la ha acompañado en el baile Fernando Jiménez.

Su inseparable guitarrista Paco Jarana, detrás también de la dirección artística de estos "Cuentos de azúcar" ha sido casi tan ovacionado y jaleado como ella.

El último espectáculo en el coliseo del Maestranza de esta edición de la Bienal, que se clausura mañana, ha dejado buen sabor de boca a tenor de la larga ovación en pie del público que ha llenado el teatro y ha terminado aplaudiendo de la manera más flamenca, con las palmas al compás que tanto gustan a los artistas cuando actúan en Sevilla.

Laura Blanco