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El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza reconstruye gran parte de la colección original de expresionismo alemán del barón Thyssen con una muestra que ofrece una visión más clara de su faceta como coleccionista: una arena en la que rompió con la tradición de su familia y saldó cuentas con el nazismo.

La exposición, “Expresionismo alemán en la colección del Barón Thyssen-Bornemisza”, permanecerá en el museo hasta marzo de 2021 y se adelanta a la celebración del centenario del nacimiento del barón, el año que viene, en la que están previstas otras dos exposiciones, según ha anunciado hoy el director del museo Guillermo Solana.

“Expresionismo alemán” es, según Solana, “un doble ensayo”, por un lado reconstruye la colección original del barón y por otro ofrece una imagen más nítida sobre sus primeras decisiones como coleccionista de arte.

ROMPER CON LA TRADICIÓN FAMILIAR

"Mi padre me había inculcado que el arte moderno, para él, cualquier cosa después del siglo XVIII, era una basura y mientras él estaba vivo me impidió comprarlo", dijo el barón en una entrevista con el New York Times en los noventa.

La colección que el barón vendió a España en 1993 -775 cuadros por más de 300 millones de dólares- tenía poco que ver con la que heredó de su padre. Si éste coleccionó exclusivamente arte antiguo, -procedente de las grandes fortunas hundidas en el crack del 29, él pasará a la historia como uno de los mejores coleccionistas de arte del siglo XX.

El recorrido de “Expresionismo alemán” está integrado por obras del propio museo, de su viuda, Tita Cervera, y sus hijos Francesca y Alexander. Algunos de ellos se ven por primera vez en España.

La exposición, comisariada por Paloma Alarcón, jefe de Pintura Moderna del museo, es un magnifico recorrido por los principales nombres del expresionismo alemán, con sus pinceladas expresivas y su paleta de arriesgados colores, que rompieron con la tradición y fueron perseguidos por el nazismo.

Es también una oportunidad para forjarse una imagen más precisa de la faceta como coleccionista del barón. El aristócrata dio un giró radical a la tradición familiar cuando en 1961 compró de “El beso” de Emile Nolde, la primera obra contemporánea de su colección.

Los vivos colores de la acuarela atrajeron al barón, que se identificó que el espíritu de libertad de los expresionistas: no quería ser “un magnate conservador” como su padre, sino tener un perfil “absolutamente moderno”, ha explicado Solana.

A la acuarela de Nolde, le siguieron otros autores como Ernst Ludwig Kirchner, Paul Klee, Vasily Kandinsky o Erich Heckel. En su pasión sobre los autores expresionistas había una fuerte carga emocional: “Es como una descarga eléctrica, como una droga”, solía decir.

“Era un coleccionista impulsivo, compraba lo que le gustaba, de lo que se enamoraba, pero también buscaba lo que le faltaba, tenía una idea del conjunto”, señala a Efe la comisaria Paloma Alarcón, que subraya como en la colección se encuentran representados casi todos los autores más importantes de la época.

AJUSTAR CUENTAS CON LOS NAZIS

Pero no todo era pasión, al principio la decisión tenía una fuerte carga política.

"Kirchner, Nolde, Groszo Heckel me atrajeron políticamente, incluso antes de apreciarlos estéticamente. Pensé que si el los nazis los etiquetaron como degenerado, eso era suficiente para que me gustaran", declaró el barón, que ayudó junto a otros coleccionistas a rehabilitar el movimiento tras la II Guerra Mundial.

Cuando su padre murió, el barón dedicó casi una década a reconstruir el emporio familiar, que en su mayor parte había sido confiscado o destruido por el nazismo y la II Guerra Mundial. Además uno de sus tíos había tenido una fuerte vinculación con el régimen nazi y esta colección fue una manera de limpiar el nombre de la familia.

Varias de las pinturas que aparecen ahora en la muestra fueron requisadas por los el régimen, entre ellas quizás la más conocida es “Metrópolis” de Geroge Grosz. Otras dos, “Nubes de verano” de Nolde y “Retrato de Siddi Heckel” de Erich Heckel, fueron incautadas y vendidas por el régimen para conseguir fondos para la guerra.

“Los expresionistas sedujeron al barón por su colorido y su fuerza expresiva, pero también por razones políticas. El coleccionismo era para él una manera de recuperar la memoria de un cuadro”, explica la comisaria.

Es la primera vez que una muestra de este tipo se puede ver en España. En 1989, el barón hizo una similar en su residencia de Villa Favorita en Suiza, que luego viajaría por Estados Unidos.

"Expresionismo Alemán" es además fruto de una pequeña casualidad ya que originalmente la muestra iba a tener un formato menor, pero la caída de la programación de varias exposiciones por la pandemia la han convertido en la joya expositiva del museo este otoño.