EFEPekín

El escritor y ensayista peruano Fernando Iwasaki defiende en una entrevista con Efe los "resultados extraordinarios" que dejaron los procesos de mestizaje en América, que ahora llegan "inevitablemente" a Europa para ser "el mejor antídoto contra los radicalismos que asoman".

"El inmigrante no sólo aporta un ADN nuevo sino también una historia cultural, familiar, a veces de intolerancias, de defensas de los derechos, que inmunizan y se deben preservar", comenta el escritor, que visitó Pekín recientemente para presidir una mesa redonda titulada "El Inca Garcilaso en un solo mundo entre China y Roma" en el Instituto Cervantes de la capital china.

Iwasaki, nacido en Lima en 1961 pero radicado en Sevilla (España) desde hace casi tres décadas, afirma que "el poder se hizo mestizo en América" al contrario que en España, donde a diferencia de Europa, "nunca se ha dado este proceso", y recuerda en ese sentido que "todos los países latinoamericanos han tenido en algún momento presidentes hijos de inmigrantes".

"Esto llegará también a Europa, probablemente tarde, pero llegará, el momento en que un descendiente de turcos sea canciller de Alemania, un descendiente de inmigrantes magrebíes sea presidente del Gobierno en Francia o un hijo de ecuatorianos lo sea en España. Hay fuerzas resistentes a esto pero ocurrirá", asevera el escritor.

Iwasaki, descendiente de japoneses y peruanos y que se considera a sí mismo un "autor fronterizo", un hispanohablante entre Perú y España, señala que "el colono español siempre tuvo menos remilgos a la hora de relacionarse con las poblaciones locales", lo que hizo que el mencionado mestizaje diera unos resultados "extraordinarios".

"Lo propio y lo ajeno son como legañas que no nos dejan mirar con claridad la posibilidad de reclamar toda la cultura", dice sobre la problemática de que "el tercermundista y el latino deban siempre escribir sobre su país, y si se arranca por bulerías es algo exótico. Pero a mí exótico me parecería el sevillano, el onubense o el malagueño que no supieran distinguir los estilos del flamenco".

De esta manera, "así como a un latino siempre le preguntan por qué no escribe novelas ambientadas en su país, a Javier Marías nadie le pregunta por qué escribe libros ambientados en Oxford, o a Vila-Matas en París", dice Iwasaki, autor de numerosos libros de cuentos o novelas como "Neguijón", publicada por Alfaguara.

Es por eso que defiende que el romanticismo y la vanguardia "también son cosa de América Latina" o que hoy día sea tan natural que "pueblos tan disciplinados como los orientales" tengan "grandes intérpretes de la música tradicionalmente occidental, porque la música no tiene fronteras", y pone como ejemplo el ballet, "creado en Italia pero llevado por los rusos a su máxima expresión".

Es también el mestizaje lo que ha permitido, en opinión de Iwasaki, que autores chinos hayan bebido del realismo mágico, que, aunque popularizado por las novelas latinoamericanas del siglo XX, "estaba ya presente" en su propia cultura.

"En China siempre ha habido una literatura donde lo fantástico dialogaba con lo real", un territorio híbrido "bien explotado" por escritores como el premiado con el Nobel de Literatura Mo Yan.

Al mismo tiempo, "China ha fascinado y hechizado a la cultura occidental desde el Medioevo. La obsesión por este país siempre ha sido inmensa", resalta, y recuerda que "China va entrando cada vez más por medio de la inmigración", lo cual inevitablemente "está alterando el estatuto del comercio generando grandes problemas".

Serio y firme en sus convicciones, cree que "el día en que cada familia china tenga como en Europa todo el bienestar contaminante que tenemos aquí... el desastre ambiental va a ser brutal", pronostica el escritor, ganador del Premio Don Quijote de Periodismo en 2015, entre otros.

Iwasaki, autor que se considera "más novelista que historiador y más escritor que novelista" es también un reconocido articulista -logró el Premio Málaga de Ensayo con "Las palabras primas" y colabora como columnista en varios rotativos españoles- que prevé que el mundo atraviesa un grave momento de "reajuste".

Frunce el ceño y junta las manos para opinar que "cuando la gente habla del capitalismo salvaje habla de Estados Unidos, pero no: es el chino. No hay sindicatos, no hay ley de huelga, no hay una jornada laboral que piense en los trabajadores... Hay en este momento una suerte de absoluta hegemonía de la productividad por encima de la condición trabajadora", advierte.

"Expresémonos correctamente: esa mezcla extraña entre el partido único marxista y el libre mercado lo que ha generado es esta situación que se vive en China", destaca el escritor, asombrado por "el lujo brutal" que ha avistado de primera mano tras pasear por las calles más comerciales de Pekín.

Jesús Centeno