EFEFlorencia (Italia)

Florencia recuperó hoy una de sus joyas más preciadas, la puerta sur del baptisterio de la catedral, forjada en oro y bronce hace 7 siglos por Andrea Pisano y que ya luce restaurada con las otras dos, entre ellas la célebre del Paraíso.

"Era un prodigio tecnológico porque realizar una fusión en bronce de este tipo, con la tecnología de entonces, no era simple. Ni siquiera lo sería en nuestros días", indica a Efe Marco Ciatti, superintendente del Opificio (taller) de Piedras Duras de Florencia.

Las tres puertas originales pueden ya apreciarse en una sala del Museo de la Obra de Santa María del Fiore, custodiadas tras una mampara de seguridad. Las que se ven en el baptisterio son réplicas.

Este viernes se presentó el portón más antiguo y el último en ser restaurado, el de la cara sur, concluyendo así un proceso de treinta años de cuidados en estas valiosas piezas, ahora juntas de nuevo.

Se trata de un coloso de oro y bronce de casi cinco metros de altura y 8 toneladas realizado entre 1330 y 1336 por Pisano, pupilo de Giotto y uno de los grandes maestros del siglo XIV italiano.

Su frontal se divide en 28 tableros con relieves con la vida de San Juan Bautista, patrón de Florencia, y en 8 están representadas las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad-, las cardinales -justicia, fortaleza, prudencia y templanza- y la humildad.

La importancia de la puerta sur reside en que hace 700 años "nadie en Europa era capaz de realizar un trabajo de este tipo" dada su "dificultad tecnológica" y "calidad estilística", apunta Ciatti.

Y en su decoración se percibe la influencia de Giotto, por el naturalismo y expresividad de sus figuras o su efecto tridimensional.

UNA RESTAURACIÓN NECESARIA

Las tres puertas solo habían sido restauradas en dos ocasiones: entre 1946 y 1948, después de ser escondidas en un lugar secreto en la II Guerra Mundial, y a finales de la década de los Sesenta, tras el dramático aluvión que anegó y embarró la capital toscana en 1966.

En concreto la puerta sur empezó a ser restaurada en 2016: su superficie estaba eclipsada por sedimentos que escondían sus figuras de oro y sufría los daños de la corrosión y de la oxidación.

Además quedó "gravemente dañada" tras el aluvión, que provocó la pérdida de una de las cabezas de león de oro que decoran su marco.

La zona más perjudicada era la inferior de la puerta, la que está al alcance de las manos de las personas, y tras siglos de exposición el oro había ya perdido su brillo característico.

Por ello, catorce restauradores, además de otros científicos y de técnicos, se pusieron manos a la obra para recuperar su lustre.

Lo primero fue realizar un diagnóstico, para lo que fue precisa una termografía que reveló varios "problemas estructurales", además de una fluorescencia de rayos X y exámenes innovadores mediante neutrones y muones efectuados en Oxford en cinco piezas desmontadas.

Para que hoy brille como lo hace, ha sido limpiada profundamente con vapor, aire comprimido y ultrasonidos, y las zonas de oro ensambladas con amalgama de mercurio fueron ligadas con láser.

TRES PUERTAS COMO EMBLEMA DE UNA CIUDAD DE ARTE

Estas tres puertas tienen una importancia clave para la ciudad, en primer lugar espiritual, pues protegían y decoraban su único baptisterio, en el que todos los florentinos recibían el sacramento: "Era símbolo de la unión y de la vida" de la urbe, explica Ciatti.

Pero también tenían una función propagandística, la de evidenciar la grandeza técnica y estética de Florencia frente al resto de ciudades de la Toscana y de la Europa medieval.

Mientras que la primera fue realizada por Pisano, las otras dos son obra de Lorenzi Ghiberti, que ganó un concurso público para realizarlas ganando a otros artistas como Filippo Brunelleschi.

La última, la del Paraíso, realizada entre 1426 y 1452, recibió su nombre del mismísimo Miguel Ángel, que al verla exclamó: "Son tan bellas que estarían bien como puertas del paraíso", según cuenta el biógrafo de los genios italianos, Giorgio Vasari.

El director del museo, Timothy Verdon, destaca por su parte su inmenso valor artístico: la más antigua, la sur, fue realizada a principios del siglo XIV mientras que la última, la del Paraíso, se forjó en 1452, casualmente el año en que nació Leonardo Da Vinci.

"El estilo de estos relieves juntos recorre todo el Renacimiento, desde su albores en tiempos de Giotto hasta su plenitud. Por eso permiten apreciarlo en una sola pared del museo", presume Verdon.

Gonzalo Sánchez