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Francesca, hija del barón Heinrich Thyssen, ha logrado el sueño "largamente acariciado" de abrir oficina en Madrid de su fundación Thyssen Bornemisza Art Contemporary (TBA21), que tendrá su primer acto en una exposición en octubre en el Museo Thyssen Bornemisza.

Esa exposición, "Más-que-humanas", con obras de Dominique Gonzalez-Foerster y Tomás Saraceno, será la primera que el Thyssen dedique a arte contemporáneo, según ha detallado Guillermo Solana, director de la pinacoteca, que ha firmado un acuerdo por cuatro años con TBA21, lo que supone que cada temporada habrá dos muestras promovidas por la fundación en las Salas Moneo.

El convenio implica, además, según explicaron en febrero de este año sus promotores, que las piezas exhibidas pasen a formar parte de la colección Thyssen.

El Thyssen colabora con TBA21 desde hace una década pero "las circunstancias" han hecho posponer una alianza "largamente esperada y deseada", ha precisado Solana.

"Francesca y yo hemos soñado juntos toda clase de locuras, como colgar a Ernesto Neto en el zaguán de Moneo o convertirlo en una sala de turbinas", ha bromeado Solana que ha subrayado que la fundación "tendrá su propia vida".

La presidenta de la fundación ha explicado a EFE que su meta es lograr "una relación distinta con el arte y con los artistas. Se pueden hacer muchas cosas desde una fundación como la nuestra. Encargamos proyectos que tengan sentido y conexión con lo que sucede en el mundo".

La fundación en España, situada en el centro de Madrid, muy cerca del museo que se creó gracias a la donación de su padre al Estado español, está dirigida por el que fue hasta 2018 responsable de la feria ARCO, Carlos Urroz, y complementa el espacio que crearon en Viena hace 15 años, un tiempo durante el que han encargado más de cien proyectos a artistas.

Su objetivo tanto en Viena como en Madrid, ha detallado Thyssen, es investigar, experimentar y desarrollar una relación con los artistas "muy diferente" a la que estos tienen con las galerías y que, de paso, cuestione la forma de coleccionar arte en el mundo, y "el ansia, la prisa" por poseer obras.

Los encargos "comprometen" al coleccionista en su adquisición y "protección" desde que se encargan su génesis aunque no se sepa "cuál va a ser el resultado.

"Si corres riesgos, si te implicas en formas de mirar el mundo que no son las habituales, empiezan a pasar cosas distintas de forma natural y honesta y eso también les gusta a los coleccionistas", ha asegurado.

La relación de la Fundación con los artistas, ha precisado, no es meramente con sus obras, sino con proyectos globales que tienen que ver con el medio ambiente, la mujer o el desarrollo de las comunidades indígenas.

Además, ha añadido, ahonda en el compromiso "inequívoco" de su familia con Madrid y España.

Durante la presentación, Thyssen ha dicho a los asistentes que tiene "una relación increíble" con el museo y que espera "grandes cosas" de su colaboración.

Su acuerdo, ha afirmado, sitúa a la pinacoteca en la línea en la que deberían estar "los museos nacionales clásicos del mundo", es decir, abriéndose a la actualidad y programando arte contemporáneo.

Esta "oveja negra que ha roto todas las reglas", según ella misma se ha descrito, está decidida a "reflexionar sobre la sociedad" a tomar el pulso de lo que ocurre a su alrededor "y a compartirlo" con el mundo gracias al trabajo de los artistas: "lo importante son las alternativas, las visiones diferentes".

Carlos Urroz ha indicado en declaraciones a Efe que el acuerdo se suscribió hace cuatro meses y que la idea de TBA21, que "no es una galería, sino una institución que produce obras", es trabajar con otras instituciones porque desde "la interdisciplinaridad" se pueden "complementar" otros proyectos.

Tras la presentación, el bailarín y coreógrafo jamaicano residente en París y uno de sus colaboradores más cercanos, Craig Black Eagle, ha bailado en la calle una pieza de la argentina Cecilia Bengolea.

Concha Barrigós.