EFEBarcelona

Aunque nacida en Milán en 1961, Giovanna Giordano pertenece a la estirpe de escritores sicilianos que incluye a Pirandello, Salvatore Quasimodo, Gesualdo Bufalino o Leonardo Sciascia. Autora poco prolífica, que escribe siempre a mano y que cree que la palabra es "un buen sistema para defenderse", ve ahora cómo su novela "Un vuelo mágico" llega a España.

En una entrevista con Efe, rememora que se trata de un título que publicó en 1998 y que acaban de traducir al castellano y catalán Periférica y L'Altra Editorial, una fábula con tintes autobiográficos, a partir de la peripecia de su abuelo Gaetano Giordano.

Un hombre que se fue "a hacer la guerra a África y vivió cinco años como un héroe, con una vida feliz en el continente, y durante otros cinco años fue capturado por los ingleses y estuvo en un campo de prisioneros en Kenia".

"Escuché muchas historias a mi abuelo y a mi padre, que estuvo diez años sin ver al suyo, pero la levadura de esta historia es mi imaginación, porque el protagonista es un héroe de las maravillas, alguien que no hace la guerra, no tira bombas, sino que entrega cartas", argumenta.

Acérrima seguidora de Cervantes, candidata italiana al Premio Nobel en 2020, Giordano señala que en todas sus obras de ficción -tiene cuatro publicadas- siempre parte de una intuición y a partir de ella estudia muchísimo todo lo que quiere escribir y viaja hasta los lugares de los que habla para poder captar toda su esencia.

En este caso, en solitario, realizó "un viaje extraordinario por África, lleno de aventuras, junto a monos, hombres iluminados, en una tierra virgen, cruzando ríos en canoa, viendo hienas, águilas, a los sacerdotes del arca sagrada".

Con un estilo poético, el lector que se adentre por sus páginas descubrirá a un joven piloto italiano, Giulio Giamò, alias "Mosquito", a quien envían a Abisinia en 1935 en un trimotor, el "Vida Nueva", y en cuyo camino se cruzarán desde un papagayo filósofo, Papamundo, a una esclava que lleva libélulas por pendientes e incluso el rey Haile Selassie, a quien debe entregar una declaración de guerra firmada por Mussolini.

En el relato, el lector entrará en contacto, gracias a las palabras encadenadas de la novelista, con una tierra africana, "que está en el origen del mundo, que está intacta y donde la energía del planeta es absoluta, un lugar donde la luna parece mayor, el sol calienta más, los colores son más vivos y los olores increíbles".

A la vez, estará codo con codo junto a un "mensajero del cielo", un héroe cándido que "no trae penas, no lleva malas noticias, aunque pueda transmitir mensajes feos, pero debemos estar contentos con él porque lleva la palabra, que es siempre un buen sistema para defenderse".

A la vez, como vuela en una ligera aeronave es "alguien que se separa de la tierra, lo que deberíamos conseguir todos, porque ver las cosas desde muy arriba hace que lo humano parezca pequeño, pero no dramático. Desde el cielo, uno también mira hacia el infinito, hacia lo que está más alto de nosotros".

De familia siciliana, residente desde hace muchos años en Catania, Giordano, que estudió historia del Arte Africano y colabora habitualmente con la prensa de su país, ya era apodada por su madre como Zaratustra porque, cuenta divertida, ya de muy pequeña tenía sentencias para todo.

Giovanna Giordano ha quedado finalista de premios como el Italo Calvino, además de haber sonado su nombre para el Premio Nobel de Literatura de 2020.

Sobre esta cuestión no quiere ser muy explícita, aunque no esconde que saber que su nombre estaba en las listas de la Academia Sueca le ha dado "valor, coraje y alegría".

Sin embargo, subraya que el escritor que recibe un día el impacto de este "meteorito queda como con mucha luz ante los ojos, viendo cómo eso le condiciona, pero debe ser consciente, igual que el agricultor que ve caer un meteorito en su terreno, que debe seguir cuidando de los árboles".

Irene Dalmases