“Un museo no es una tienda”, dice Ángeles Gonzalez-Sinde cuando se le pregunta si el Reina Sofía, cuyo patronato preside, abrirá alguna franquicia al estilo de otros museos internacionales. El arte, asegura, no es ornamento, sino “una herramienta de conocimiento” en tiempos difíciles.

Exministra, cineasta y escritora, Ángeles González-Sinde inicia ahora una nueva etapa como presidenta del patronato del Museo Nacinonal Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), un trabajo que ve como un “premio” para seguir aprendiendo.

Llega en un momento complicado. La pandemia ha frenado en seco el turismo internacional -más de la mitad de los visitantes de los grandes pinacotecas- y el modelo de museo como destino turístico y centro de macroexposiciones es inviable y necesita ser repensado.

ATRAER AL VISITANTE NACIONAL

El principal reto ante esta situación es “atraer al visitante nacional”, que el museo “se vincule” más estrechamente con la sociedad en la que se vive, explica. El Reina Sofía tiene parte del trabajo hecho, asegura, desde su departamento de actividades públicas, pero queda por hacer.

“Es necesario superar esa barrera que el arte contemporáneo tiene para muchas personas, la idea de que si no eres un experto no perteneces a este espacio”, explica.

Por eso pide a los ciudadanos que ahora más que nunca vayan a los museo, hay que aprovechar la soledad que ahora viven muchas de sus salas: “los vamos a encontrar más vacíos de gente y esa sensación de intruso en una casa ajena es muy agradable”.

“Hemos estado 98 días recogidos en lo privado y de repente tenemos un gran anhelo de lo público. Es un gran momento para despertar nuevas sensibilidades y nuevos intereses”, señala en una entrevista con un grupo de medios poco después de asumir su nuevo cargo.

NUEVA AMPLIACIÓN

Además de tratar de acercar a nuevos visitantes nacionales, el Reina Sofía tiene un gran desafío más inminente: acaba de iniciar las obras de su nueva ampliación, que sumará una veintena de salas a su recorrido y alojará en ellas la parte de la colección dedicada a arquitectura y el arte más reciente.

“El reto es seguir adelante con esa obra, que no se paralicen”, explica la exministra, que ejerció el cargo durante la segunda legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, marcada por los recortes.

Aunque reconoce que los ingresos del museo caerán y habrá que hacer frente a esa situación, se siente respaldada por dos “guardaespaldas”: la Fundación Reina Sofía y la asociación de amigos del museo, también está convencida del apoyo del actual Gobierno.

La cultura es “el alma” y un “sector estratégico” de la reconstrucción que deberá hacer frente el país, asegura.

LEY DE MECENAZGO

¿Una ley de mecenazgo conseguiría atraer más inversión privada al mundo del arte? A su juicio, este tipo de incentivos choca con “la filosofía fiscal española. No creemos en la filantropía, sino en arrimar el hombro como contribuyentes a una bolsa común que luego se distribuye”, asegura.

Además, en tiempos de dificultad “es más difícil” convencer a Hacienda de las bondades de ese tipo de medidas.

“Sería bueno tener beneficios fiscales, pero seamos realistas, algún motivo debe haber para que gobiernos de derechas e izquierdas no lo hayan aprobado”, señala en referencia a una medida que han tratado de sacar adelante ministros de todos los signos.

Además, es necesario prestar atención a cómo se articulan este tipo de medidas y si Hacienda, por ejemplo, da a elegir entre mecenazgo o fondos públicos, la situación generada entonces, podría no ser tan convincente.

POCO DINERO PARA COMPRAR ARTE

Si su posición ante la Ley de Mecenazgo es tibia no lo es ante la falta de recursos del Reina Sofía para adquisiciones de obras de arte. En menos de una década el presupuesto ha caído de 15 millones de euros a 900.000 del año pasado, una cantidad a años luz de otras instituciones de arte de la talla del centro de arte madrileño.

“Invertir en patrimonio es un buen negocio para el Estado. Si los Borbones y los Austrias no hubieran invertido en patrimonio, no hubieran tenido pintores de corte o no hubieran comprado Boscos y tanta pintura, seríamos mucho más pobres”.

El Reina Sofía es una “locomotora” que tira de todo el sistema del arte contemporáneo nacional, afecta a todo el territorio nacional aunque esté localizado en Madrid, recuerda. Por eso, desde “el respeto” por la situación actual cree que la misión del Patronato es defender un incremento de esa partida ante el ministerio de Cultura.

SEGUIRÁ ESCRIBIENDO

El cargo de presidenta del Patronato es honorifico, sin retribución, por eso González-Sinde seguirá con todos los proyectos que tenía antes de ser nombrada para el cargo. Entre ellos, se encuentran una serie sobre la vida de Miguel Bosé que está muy avanzada, la entrega de un libro en septiembre y otra serie que tiene entre manos.

No se considera una experta en arte, pero sí que tiene claro un sentido del deber de vocación en lo público y asume esta etapa como su cargo al frente de la Academia de Cine. “No siento incoherenencia, ni que determinados puestos sean solo para personas, muy bien conectadas, muy influyentes o con patrimonio: los ciudadanos podemos aportar a lo publico”.

Le falla la memoria al recordar su primera visita al Museo Reina Sofía, aunque la ley de su actual estructura fue la última que llevó al Congreso como ministra en 2011.

También en aquella época tuvo que hacer frente a la polémica petición del Prado del Guernica. Un asunto que a su juicio "está zanjado". No se moverá del Reina Sofía, entre otras muchas razones, por su delicado estado de salud: "sería muy arriesgado".

No recuerda cuando pisó por primera vez el museo cuyo patronato ahora preside, pero sí la primera vez que vio su pieza estrella, el cuadro de Picasso. Fue en el Casón del Buen Retiro, cuando pisó suelo español por primera vez y estaba blindado: “era tan raro verlo detrás de cristales”.