EFEValladolid

La audacia creativa de la directora española Neus Ballús, con su película "Seis días corrientes", ha gustado este martes durante la cuarta jornada de la 66ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), cuya sección oficial ha analizado también la situación de la mujer en el mundo árabe.

Tres personas normales que desempeñan oficios comunes, se desenvuelven de forma predecible, piensan, sienten y viven como cualquier individuo, son las protagonistas reales de "Seis días corrientes", el tercer largometraje de Neus Ballús, una ficción muy verdadera, con tintes de documental.

Si todo es corriente y no se sale de la norma, ¿dónde reside lo extraordinario de "Seis días corrientes"?, acaso en la apuesta por tres personas normales, fontaneros y electricistas que trabajan para una empresa de arreglos en Barcelona y que en realidad interpretan su propia vida y oficios.

Pep, Valero y Moha, un inmigrante marroquí, son los tres actores no profesionales que aprobaron un castin de más de un millar de trabajadores y superaron, más tarde, dos años de formación y aprendizaje ante la cámaras, diferentes extracciones sociales y convicciones con las que Ballús ha armado un guion convincente.

Desde el drama y humor cotidianos, aborda asuntos como la integración de los inmigrantes, el racismo, la diferencia de clases y el reflejo de la crisis económica en el estrato social menos pudiente, mediante seis días consecutivos de trabajo en casas que requerían de sus servicios.

"Ha sido complicado porque no somos actores. Es una película de gente de la calle para gente de la calle", ha comentado Valero Escolar, quien interpreta al personaje del mismo nombre, al igual que el marroquí Mohamed Mellali y Pep Sarrá, un fontanero recién jubilado.

Tres películas más han presentado sus credenciales a la Espiga de Oro de la sección oficial, y todas ellas con el común protagonismo de la mujer en la sociedad árabe: la lucha por su emancipación social y la conquista de derechos frente a trabas generalmente derivadas de la costumbre, la religión y el casi exclusivo protagonismo del hombre en la toma de decisiones que les afecta.

La protesta contra este orden establecido desemboca en situaciones de opresión, postergación social e incluso el repudio familiar, como el que bordea Mina, una viuda iraní cuyo marido ha sido injustamente ejecutado por un crimen que no cometió, leitmotiv de "Ballad of a white cow", ópera prima de la directora Maryam Moghadam, que también participa como actriz protagonista en este segundo largometraje del otro realizador del filme, Behtash Sanaeeha.

Si las viudas y las divorciadas árabes bajan un escalón social más, hasta convertirse casi en invisibles, tampoco gozan de mayor estima las casadas, objeto de vigilancia permanente para que sus conductas no mancillen el honor y reputación de la familia de sus maridos.

Así ocurre en "Huda's Salon", aunque en este caso la historia de fondo rodada por el cineasta palestino Hany Abu-Asad está basada en hechos reales como es la captación de mujeres palestinas vulnerables por parte de los servicios secretos israelíes, bajo chantaje y amenazas, para denunciar a sus propios paisanos, depósitos de armas y rebeldes, con el fin de desarticular la resistencia en los territorios ocupados de la franja.

"He hecho esta película para abordar temas del interior de la sociedad palestina para aminorar, aligerar ese daño que las fuerzas ocupantes ocasionan", ha señalado ante los periodistas Abu-Asad, autor de filmes como "Paradise now" (2005) y "Omar" (2013).

No obstante, la situación de la mujer se encuentra en una fase de cambio principalmente gracias a la educación en el extranjero de las nuevas generaciones, caso de la realizadora tunecina Leyla Bozud, autora del filme "A tale of love and desire", que estudió en La Sorbona, el lugar donde ha centrado la historia de sus protagonistas.

Ellos son Farah, una adolescente de clase pudiente en Túnez que marcha a estudiar a París, y de Ahmed, nacido ya en el exilio o emigración forzada de su familia por razones políticas. Mientras que la primera se muestra más libre en sus relaciones personales y afectivas, al segundo le cuesta abrirse en todos los sentidos.

"Este tipo historias se cuenta más desde el punto de vista de la mujer. Quería contar cómo lo vive un chico y mostrar su fragilidad, su miedo al descubrimiento de este deseo y este amor", ha comentado Leyla Bozud, quien también se ha servido de sus personajes para presentar las dos caras de su país, inmerso desde hace varios años en un afán de apertura democrática.

Por Álvaro Gómez