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El cineasta Manuel Gutiérrez Aragón, que el próximo domingo ingresa en la Real Academia Española (RAE), cree que el nuevo sistema de financiación del cine servirá durante un tiempo y luego "quedará agotado" y "habrá que inventar otro".

"Cualquier fórmula de ayuda al cine es buena hasta que se estropea", afirma Gutiérrez Aragón en una entrevista con Efe en la que habla de su discurso de ingreso en la RAE y de su pasión por el cine, y asegura que aunque haga siete años que decidió abandonar la dirección cinematográfica, echa de menos ese mundo.

"¡Como el cine no hay nada! Ese contacto con los actores, con los técnicos, con la toma rápida de decisiones... Lo llevo dentro y, además, no puedo renunciar a que se me vea como lo que he sido siempre: un director de cine", señala el realizador de películas como "Habla, mudita", "Maravillas", "Camada negra", "Demonios en el jardín" o "La mitad del cielo", todas ellas galardonadas.

Gutiérrez Aragón (Torrelavega, Cantabria, 1942) tiene claro que el cine "es una cuestión de Estado" y "debe ser ayudado o protegido", si se quiere que exista.

Pero "no hay una fórmula definitiva para las relaciones entre el cine y el Estado", asegura este realizador, guionista y escritor, Premio Nacional de Cinematografía, Medalla de Oro de la Academia de Cine de España y Premio Herralde 2009 con su primera novela, "La vida antes de marzo".

En España, el sistema que "se inventó" bajo el Gobierno de José María Aznar fue "obligar a las televisiones a financiar el cine, lo que ha posibilitado hacer películas de gran presupuesto", una fórmula que "seguramente no es mala, pero que tendría que ser revisada", opina el cineasta.

El nuevo sistema de financiación aprobado en 2015 establece subvenciones anticipadas y escalonadas que sustituirán a las ayudas a la amortización, que se concedían dos años después del estreno en función de los resultados en taquilla.

El considerar la taquilla como el elemento primordial dio lugar a fraudes como los que se destaparon en 2015 y que investigan varios juzgados de Madrid, a raíz de que algunos productores o exhibidores falsearan los datos de taquilla para acceder a la subvención.

"Creo que cualquier fórmula es buena hasta que se estropea", subraya Gutiérrez Aragón, que espera que cuando haya un nuevo Gobierno "se interese por el cine y por la cultura".

"Pero también el cine debe demostrar a los políticos que tiene fuerza y que suscita el interés de los ciudadanos. Si hay un divorcio entre los ciudadanos y el cine, malamente el Estado se va a interesar por el problema", dice el director de "Cosas que dejé en la Habana" y "Visionarios".

Gutiérrez Aragón no se siente en absoluto nervioso por el ingreso del domingo, rodeado de cierta solemnidad y al que espera que vayan varios directores de cine, actores y escritores. "Nervioso me sentía en los estrenos de mis películas", comenta.

Académico de Bellas Artes desde 2001, es consciente de que su elección significa que el mundo del cine estará representado en la RAE, como lo estuvo antes con Fernando Fernán Gómez y con José Luis Borau.

En la Academia supone que le tocará mejorar el vocabulario del Diccionario relacionado con el cine, sujeto a constantes cambios.

"He visto que, por ejemplo, 'travelling' se ha castellanizado en travelín, pero nadie dice travelín, sino trávelin. Ese acento hay que cambiarlo", asegura Guriérrez Aragón, que, en el ámbito del cine, considera "inevitables los anglicismos".

"En el mundo de la mecánica del cine, los que inventan son los anglosajones y, evidentemente, el que inventa las cosas también las bautiza".

Además, añade, las películas ahora "se hacen entre muchos países y en el cine la lengua franca es el inglés".

En su discurso de ingreso, titulado "En busca de la escritura fílmica", reflexionará sobre "el largo aprendizaje del lenguaje del cine, mucho más convencional que el escrito, y un proceso que no termina nunca".

"Cuando uno cree que ha aprendido ese lenguaje, llegan las series de televisión y es otra cosa distinta", señala.

También evocará su época de "aprendiz" en la Escuela Oficial de Cinematografía. "Fue una experiencia irrepetible", dice.

"El cine siempre ha tenido una gran presencia social y la Escuela de Cine de los años sesenta y setenta era un lugar en el que todo el mundo quería entrar. Para estudiar Dirección podía haber 200 aspirantes e ingresaban seis o siete". "Me costó muchísimo aprender la técnica del cine", reconoce Gutiérrez Aragón

En 2008 decidió dejar la dirección de cine, entre otras razones porque el público "se había ido en gran medida a las series", y cada vez era más difícil realizar ese "cine de riesgo, de planteamientos complicados" que a él le gustaba.

"Me alejé del cine antes de que el cine se alejara de mí", afirma Gutiérrez Aragón, quien, en contra de lo que se ha dicho últimamente, no tiene "ningún proyecto en marcha, ningún guión", pero claro que echa de menos ese mundo: "¡como el cine no hay nada!", subraya.

Ana Mendoza.