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La escritora Maite R. Ochotorena considera que hay más magia alrededor de lo que somos capaces de reconocer y por eso la introduce en su novela "La mensajera del bosque", un "thriller" protagonizado por la naturaleza y su fuerza frente al entorno hostil que la sociedad ha creado en las grandes ciudades.

Maite R. Ochotorena (San Sebastián, 1970) decidió recurrir a "un 'thriller' de siempre" para contar su historia porque cree que es un "muy adecuado para sacudir conciencias" a través del miedo a lo desconocido y a las incertidumbres que plantea este género en el lector, señala en una entrevista con Efe.

En "La mensajera del bosque" (Planeta), la naturaleza no es un escenario sino protagonista, un mundo verde que irrumpe en medio del asfalto de Madrid y que misteriosamente va trasformando lugares inhóspitos en vergeles dentro de una trama de asesinatos que desconcierta a la Policía.

"Quería dar un papel protagonista a la naturaleza en una novela porque es la mejor forma de transmitir emociones y despertar conciencias", dice Ochotorena, que lo hace a través del personaje de una misteriosa niña nacida en el poblado chabolista de la Cañada Real y que llena de verde todo lo que le rodea.

Con este personaje, la escritora quería que la naturaleza "mirase directamente a los ojos del lector y le hablara", algo que, reconoce, "no se puede explicar solo desde la realidad".

También es protagonista de la novela Cris Stoain, una mujer que se despierta en una cabaña en el bosque llena de cicatrices y con amnesia y que se verá inmersa en una investigación sobre una oleada de muertes de jóvenes desaparecidos.

Con la amnesia de Cris Stoain, la escritora ha querido hacer un símil con el olvido en el que la sociedad tiene a la naturaleza pese a saber "que algo no se está haciendo bien", recalca.

Aunque señala que se trata de una novela "oscura", Ochotorena explica que en la historia hay una corriente de esperanza "que hará que el lector no se hunda en esa oscuridad".

Maite R. Ochotorena se formó como guionista de cine y televisión y ha trabajado muchos años como creativa en el sector de videojuego, una actividad que reconoce que le ha influido a la hora de crear estos escenarios en los que se desarrolla la novela.

"Los videojuegos son muy imaginativos y en ellos puedes romper todas las reglas; no hay líneas rectas sino mil caminos y posibilidades", indica la autora que explica que cuando escribe no ve el teclado sino que los escenarios y las imágenes que está describiendo.

Así ha sido posible la transformación física que realiza de calles de Madrid, incluso la M-30, en espacios llenos de árboles, plantas y naturaleza.

"Es una gran utopía pero hay que ser un poco ambicioso con estas cosas", dice Ochotorena que se pregunta la razón por la que las ciudades no pueden dejar de ser "hostiles".