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Dos años y medio después, días más tarde de pasear por grandes ciudades, por lugares emblemáticos, la poeta uruguaya Ida Vitale (Montevideo, 1923) ha regresado este sábado a Juzbado, un pueblo de 200 habitantes a escasos 20 kilómetros de Salamanca, para leer su poesía "al aire libre".

Ida Vitale es pura vitalidad, la misma que traslada a su poesía y que ha inoculado a este municipio salmantino, en las orillas del río Tormes, mientras paseaba por las calles donde ya hay colocados tres de sus poemas.

El paseo literario, un proyecto cultural ideado por el alcalde de Juzbado, Fernando Rubio, ha sido como el color de la tarde de este sábado, brillante, con luz propia, no solo la que ofrecían los últimos rayos del sol de octubre, sino por la que muestra la poeta uruguaya.

Simpática, esbozando sonrisas ante cualquiera que se le acercara, la premio Cervantes, que acaba de publicar un libro de poemas "Tiempo sin claves" (Tusquets), ha paseado por calles empedradas de este pueblo que hace dos años, en abril de 2019, ya la "embelesó".

Rodeada de poetas salmantinos, de amantes de la poesía, de niños de Juzbado, de vecinos del municipio, Vitale ha caminado, de la mano del alcalde Fernando Rubio, por tres viviendas para descubrir placas con tres poemas suyos.

Empezó por "la palabra", un poema que habla de "expectantes palabras, fabulosas en sí, promesas de sentidos posibles, airosas, aireadas, ariadnas".

Y siguió por un poema, del último libro 'Tiempo sin claves', que ha titulado recursos, que comienza así: "el sobresalto fuera del poema y dentro del poema, apenas sin aire contenido".

Incluso Ida Vitale recibió, con gratitud, una sorpresa, como conocer el herbario que dos vecinos de Juzbado, Augusto y Ana, están preparando, con la única herramienta de sus manos, en el que ya han reunido más de 3.000 plantas.

Vitale, sin perder su sonrisa, preguntó una y otra vez de donde salían las plantas que le presentaban y cual era el origen de las dos plantas que le regalaron, porque como dijo la poeta, "tengo la botánica metida en las venas desde chiquita", la misma botánica que traslada a muchos de sus poemas.

Saludaba y sonreía, hablaba sin parar, y recordaba, una y otra vez, que en abril de 2019, en aquel paseo literario por Juzbado, se quedó embelesada por un pueblo en el que pudo "leer poemas al aire libre".

En declaraciones a Efe, Ida Vitale reconoció que "igual que no se pregunta qué tiene que pasar cuando se hace amiga de alguien", le ha pasado con este pueblo: "solo sé que cuando me dijeron que iba a ir otra vez a Juzbado, yo dije, qué lindo".

Y, preguntada sobre los motivos que le han atraído de este pequeño municipio, ha dicho que "quizá" haya sido "la cercanía de la gente".

Vitale ha subido a un pequeño escenario, montado junto a una bella iglesia del siglo XVII, asentada en restos románicos, y lo que fue el frontón del pueblo, que en esta zona se le llamaba 'juego de pelota'.

Allí, acompañada por Jesús Cañete, director del Festival de la Palabra de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), ha leído algunos de sus poemas, de su antología, que ha comenzado con 'Homenaje', y ha seguido con 'Antepasados', 'Caracol', 'Café de Milán' y 'Córdoba'.

Vitale sembró hace dos años una semilla de admiración por este pueblo y este sábado realizó un "homenaje al que plantó cada árbol sin pensar, para siempre. O acaso imaginando al desunido que un día lo convoca, lo celebra", porque siempre quedará Vitale unida a Juzbado.

Justino Sanchón