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Cuando Lorcan Finnegan escribió "Vivarium" no imaginaba que muchos la verían en una situación similar a la de sus protagonistas, confinados, aunque lo de Imogen Poots y Jesse Eisenberg alcanza cotas de terror que quizá alivien al común de los mortales encerrados en sus casas.

La película, segundo largometraje del director irlandés, compitió en la Semana de la Crítica de Cannes y en el Festival de Sitges, donde Poots se llevó el premio a la mejor actriz. La distribuidora A Contracorriente compró los derechos con la idea de estrenar en cines el 3 de abril pero la crisis del coronavirus forzó un cambio de planes.

Así, con las salas de cine cerradas, "Vivarium" se convierte en el primer largometraje de ficción que salta directamente a las plataformas. Podrá verse desde el 8 de abril en salavirtualdecine.com, creada expresamente al efecto, pero también en Movistar+, Vodafone o Rakuten TV a un precio de entrada de cine, 6,95 euros.

"Supongo que va a ser raro para el espectador, un poco como ver 'Tiburón' en un nenúfar flotante en mitad del océano", dice a Efe Finnegan en videoconferencia desde Dublín, "pero quizá también puede ser un alivio porque vuestra situación no puede ser tan mala como la de los protagonistas".

En "Vivarium" hay confinamiento, pero no es a causa de un virus. Gemma y Tom son una joven pareja, él jardinero y ella profesora de primaria, en busca de la casa ideal para mudarse a vivir juntos.

Para ello, visitan una inmobiliaria donde los recibe un inquietante agente que les acompaña a una vivienda unifamiliar en la periferia de la ciudad, que él vende como ideal pero que resulta extrañamente inmaculada, solitaria e idéntica a las que le rodean.

Los problemas empiezan cuando el agente desaparece y ellos no son capaces de salir de la urbanización, atrapados en una pesadilla surrealista que incorpora una reflexión sobre el modelo de vida ideal en el mundo capitalista y la sociedad de consumo.

El origen del guion se remonta a un corto que dirigió en 2012, "Foxes", sobre una pareja atrapada en una moderna urbanización abandonada, con guion de Garret Shanley, que es también coautor de este filme.

"Cuando acabamos ese corto sentimos que había un tema para desarrollar, sobre la homogeneización de la sociedad en que vivimos, la pérdida de contacto con la naturaleza, la gente aislada en arquitecturas uniformes, comprando por internet, enganchados a la televisión y perdiendo el sentido de comunidad", explica el cineasta.

La historia acabó de tomar cuerpo cuando Finnegan vio un documental sobre cucos, aves parasitarias que utilizan los nidos de otras especies para criar a sus polluelos y que en la película adquieren un fuerte simbolismo.

La falsa felicidad de las promesas de la sociedad de consumo se traduce visualmente en un mundo igual de falso, hileras infinitas de casas idénticas color pastel, césped artificial, no hay viento, no hay lluvia, las nubes tienen formas perfectas y el sol arroja una luz artificial.

Como en un cuadro de Magritte, en una foto de Andreas Gursky o en una instalación de Olafur Eliasson, por mencionar algunas de las fuentes de inspiración estéticas de Finnegan. En lo fílmico los referentes incluyen "Safe" de Todd Haynes y "Carretera perdida" o "Blue Velvet" de David Lynch.

Sobre el modo de ver cine Finnegan es defensor de las salas y es optimista sobre su futuro inmediato. "Cuando pase esta crisis y vuelvan a abrir las salas creo que vamos a cogerlo con más ganas y apreciaremos más esa experiencia colectiva", señala.

Desde la distribuidora también han dejado claro que esta estrategia de estreno en plataformas sin pasar por las salas es temporal, una respuesta excepcional a una situación excepcional.

Magdalena Tsanis