EFEBarcelona

La escritora mexicana Bárbara Jacobs, que fuera durante 32 años mujer de Augusto Monterroso, acaba de publicar en España "La buena compañía", un ensayo en el que propone una suerte de canon literario para "el lector común" y en el que "se reivindica la lectura".

"La buena compañía" (Navona) no va dirigida "ni a intelectuales ni a escritores", explica Jacobs en una entrevista con Efe, sino a ese "lector común, interesado en la lectura, que no es un especialista en literatura, que pueden ser profesionales, aficionados, artesanos, amas de casa, cantantes, pintores y, sobre todo, a estudiantes".

Jacobs reivindica la lectura y recuerda que "un libro nunca te rechaza, puede tardar en acabar de admitirte, pero siempre está a mano. Te proporciona conocimiento y te remite a la cultura en general, a personas, a figuras, y además amplía la imaginación del lector".

La idea del libro surgió hace dieciocho años, recuerda la autora, cuando una amiga le pidió que diera una charla sobre literatura a un grupo de amigos de diferentes profesiones y le aterraba tener que hablar en público ante "esta desconocida pero temida gama de personas, que iban desde un alto financiero a unos artesanos de pueblo".

Pensando en la charla, comenzó a apilar libros de su biblioteca sobre la mesa, y a "agruparlos no sólo por géneros, sino tratando de encontrar el orden más adecuado" y exigió pocas premisas a su selección: "Que todos fueran del siglo XX, que fuera occidentales, que hubiera cuatro por cada género, y que en todos hubiera un autor de lengua hispana y una mujer, y además que hubiera traducción en lengua hispana".

Otro parámetro, añade Jacobs, es que esas traducciones fueran hechas por "creadores", pues considera que "no es lo mismo leer la traducción de los cuentos de Edgar Allan Poe por el mejor traductor al español, que leer la que hizo Julio Cortázar, pues hay una diferencia entre la hecha por un creador y un traductor".

Una vez hechos los grupos, la autora mexicana tuvo que "inventar" géneros: de este modo, junto a géneros clásicos como la poesía, el cuento, el teatro, la narrativa de intriga, la autobiografía o el ensayo, aparecen de la mano de Jacobs categorías menos convencionales como "del escritor cronista", "del escritor crítico", "del escritor que escribe en lengua extranjera" o el más indeterminado "libros inclasificables".

En los cajones de ese armario imaginario, Jacobs encontró libros que no había leído antes, pero que le parecieron representativos, y la muerte de su amiga recondujo la idea inicial hacia una publicación.

"Poesía", de Apollinaire; "Dublineses", de Joyce; "Muerte de un viajante", de Arthur Miller; "El perseguidor" y "Rayuela", de Cortázar; "Máscaras y paradojas", de Pessoa; "La plaza del Diamante", de Mercè Rodoreda; "Juan de Mairena", de Machado; "La letra e", de Monterroso; "El viaje", de Sergio Pitol; "Criticar al crítico", de Eliot; "Relato de un náufrago", de García Márquez; "Ética para Amador", de Fernando Savater, o "La gente de Smiley", de John Le Carré, son algunos del centenar de libros referenciados.

"Tuve cuidado en que los títulos elegidos sonaran por lo menos a la gente y que tuvieran ediciones en español", subraya Bárbara Jacobs.

Escribir "La buena compañía" supuso para la autora de "Vida con mi amigo" "pasar del caos al orden como lectora" y además "redifinió" su propia formación.

Añade Jacobs: "Pienso que me llegará el momento en el que no voy a escribir y a lo que quiero dedicarme es a leer".

Aunque no estén incluidos en esa relación, Cervantes y Shakespeare están "mencionados" en el texto, pero Jacobs quiso centrarse en la primera mitad del siglo XX.

Bárbara Jacobs, hoy casada con el artista Vicente Rojo, ultima "una memoria de alguien, que se podría considerar una novela" y que ha dejado en reposo en el último año antes de su publicación.

Mientras llega ese momento en el que dejará la escritura para centrarse en la lectura, además de continuar con su columna quincenal en el periódico mexicano La Jornada, Jacobs expresa su deseo de "acabar de dar forma a cuatro o cinco libros inéditos, a los que le falta una relectura y alguna corrección, para dejarlos listos, pero no necesariamente publicarlos".

Jose Oliva