EFEPekín

José Luis Gómez, en plena forma a sus 79 años, ha dejado su quehacer en el Teatro de la Abadía pero en su cabeza siguen bullendo nuevos proyectos dramáticos al tiempo que se prepara para el final de la vida, "el momento más importante", al que quiere llegar con "el trabajo de ser persona" acabado.

El portentoso actor y director -que practica tai chi desde hace 30 años para poder durar el tiempo "que necesita gente tan recalcitrante y correosa" como él para llegar a ser persona- visita estos días por primera vez China, donde ha compartido sus conocimientos teatrales en el Instituto Cervantes.

Gómez se muestra impresionado por la sociedad china actual y cree que ahora puede decir con "modestísima pero completa satisfacción" que ser actor ha sido para él "una forma de conocimiento".

- PREGUNTA: ¿Qué impresión le ha causado China?

- RESPUESTA: Estuve leyendo antes de venir la cantidad de países que durante la segunda guerra del opio invadieron China y te quedas abrumado. Como diez potencias simultáneamente. Y luego me acuerdo de pronto de Josep Renau, grandísimo cartelista español que vivió en la República Democrática Alemana (RDA), era comunista y un creador genial de fotomontajes. Y me acordé de un fotomontaje suyo que tenía que era como un "culi", un trabajador chino con escasa cualificación de los años 30, amarrado al suelo pero levantándose y rompiendo las sogas que le tenían agarrado con el mero hecho de levantarse. Y el título de ese fotomontaje era "China erwache" (China despierta, en alemán). Pues hay que ver cómo ha despertado.

Ahora asocio ese fotomontaje a la inmensa sorpresa que produce la sociedad contemporánea china, se puede hablar de la palabra prodigio. Una gran sorpresa y no acabo nada más que de barruntar, de ver y oír, extender los sensores y sentir qué está pasando a mi alrededor. Es una sensación muy dinámica. No conozco el teatro chino. Conozco el Tao Te King de Lao Tsé en una maravillosa traducción de la hija de Gonzalo Suárez, Anne Elaine Suarez, que es una gran sinóloga y tradujo también el Lun Yu de Confucio. Esos dos libros me han acompañado durante algunos años y yo soy un practicante de tai chi desde hace 30 y seguidor de algunas de las disciplinas taoístas por puro interés en ese tipo de cosas. Seguí a un maestro que era medio chino (hijo de chino y americana) durante muchos años y aprendí con él algunas cosas valiosas.

- P: Después de 25 años al frente, ha dejado la dirección del Teatro de la Abadía. ¿Tiene tiempo ahora para otras cosas?

- R: Era fundamental liberarme de la gestión. Creo que una persona cuando llega a cierta edad, y es mi caso, tiene que ocuparse de prepararse para el final de la vida. El momento más importante de la vida es cuando se deja la vida. Parece grave pero no tiene nada de grave, por lo común que es y por lo inscrito que está en nuestra naturaleza. Pero es una cosa que no aceptamos. Y es algo de lo que hay que ocuparse en el sentido de que voy aprendiendo poco a poco que quizás una de las cosas que más ayude al buen vivir es prepararse para el buen morir. Dicho así puede sonar pretencioso pero no es ninguna pretensión.

- P: ¿Y cómo se prepara uno para eso?

- R: Abriéndose a la vida de otra manera, aceptando las cosas como son, que casi siempre uno tiene una idea de cómo las cosas debieran ser para agradarnos. Seguramente el gran regalo de la vida es la sorpresa que depara cuando uno la acepta como es y no como uno desearía que fuera. En fin ahí estoy, caminando en eso.

- P: ¿Y al mismo tiempo con varias iniciativas en mente, no?

- R: Voy a seguir actuando y dirigiendo claro, estoy con más proyectos que nunca. En la Abadía siempre he supeditado, como era mi deber, mis proyectos personales a la supervivencia de la casa. Era mucho más importante la casa que mis gustos particulares. Yo ya lo he dejado, sigo con un estatus de director fundador pero alejado de la gestión y las decisiones estratégicas. Pero lo que sí estoy involucrado es en una cantidad de proyectos muy intensos que tienen que ver con mis intereses personalísimos desde el punto de vista artístico, no solamente humano, que también.

- P: ¿Y cuáles son esos proyectos?

- R: Un proyecto que estoy preparando tiene que ver con el último capítulo del Quijote que es la muerte de Alonso Quijano. El Quijote es un libro que el 70 por ciento de los españoles no ha leído, según una encuesta del CIS. Y entre el 30 por ciento que sí lo ha leído, casi el 40 por ciento no sabe decir el nombre del hidalgo, del protagonista. Más allá de esa realidad, el último capitulo, que es la muerte y el testamento, es maravilloso, porque es de una humanidad fluyente. La amistad de sus tres compadres, Cervantes no les llama así pero en el fondo lo son, -el cura, el barbero y el bachiller Carrasco-, Sancho, el ama y su sobrina, todo eso tiene tal cantidad de humanidad que hace un bien inmenso al corazón. Y por otro lado también es nuestro último capítulo. Y me quiero meter en ese sujeto en ese último capítulo. Hay una forma de teatro chino de la que tuve noticia ayer y que voy a utilizar en la confección de ese espectáculo. Ahora los escribo yo, aunque voy a hacer seguramente también una versión de Romeo y Julieta mayores.

Esos espectáculos ahora mismo me tienen ocupada la imaginación, el sentir y seguro que de este viaje voy a sacar una comprensión para una parte de ese espectáculo del ultimo capítulo. Hay aquí una fórmula que se llama el xiang sheng, son dúos de dos actores, es un poco como la "stand comedy" anglosajona, que dialogan con micrófonos, y que es muy popular aquí. Y algo de eso lo voy a introducir ahí.

- P: ¿O sea que tiene proyectos de sobra, también como actor?

- R: Como actor me solicitan, hago tai chi, el taoísmo es como un árbol de muchas ramas, de las cuales el tai chi chuan es una, también la respiración de huesos, el nei kung de la médula ósea. Y todas esas disciplinas están pensadas para prolongar la vida humana. Si uno le pregunta a un maestro taoísta para qué prolongar la vida te dirá que para acabar el trabajo de ser persona, que dura mucho tiempo y muchas veces se muere la gente antes de llegar a ser persona. Y aquí hay algo estupendo, entonces el tai chi se hace para durar el tiempo necesario que necesita gente tan recalcitrante y correosa como yo para llegar a ser persona. Espero tener un tiempo porque el trabajo es duro.

- P: ¿Qué le parece la situación que se vive ahora España?

- R: España está viviendo lo que viven otros países europeos, pero creo que su caso reviste un carácter particular por tener la dimensión territorial que tiene el problema. Más allá de la fragmentación de los parlamentos, el auge de los populismos, la aparición de la extrema derecha, que ha ocurrido en toda Europa, la dimensión territorial pone en cuestión un sentimiento que teníamos o una conciencia de ser un país que creíamos unido, pese a que la existencia de los nacionalismos es una constante en la historia de España.

Yo creo que la crisis presente va a ayudar a decantar las opciones de una manera más clara. En qué medida es posible todavía y será posible en el futuro la convivencia de lo que hoy son regiones -otros las llaman nacionalidades-, lenguas, idiosincrasias en una entidad política unida del futuro.

Creo que se encontrará la solución, que esta crisis será productiva, porque permitirá corregir algunas ingenuidades que eran casi inevitables que se hicieran en la, por otra parte, ejemplar transición política del 78.

Javier García