EFEValladolid

La Biblioteca Nacional inaugura este jueves una magna exposición dedicada al novelista y académico Miguel Delibes (1920-2010) con motivo del centenario de su nacimiento, que se cumple el próximo 17 de octubre.

Coordinada por Jesús Marchamalo, con valiosos testimonios cedidos por la Fundación Miguel Delibes, algunos inéditos y prácticamente desconocidos, su escueto y contundente lema ("Delibes"), como el estampido de un cartucho en la Meseta, remite a la imposibilidad de abarcar todas las facetas que agrupó quien llegó a la literatura y al periodismo, las dos más reconocidas, por mero accidente.

Siendo caricaturista del diario vallisoletano El Norte de Castilla (1941), el azar le brindó dos años más tarde la posibilidad de acceder como redactor de plantilla, y desde la Escuela de Comercio de Valladolid, donde impartía clases, fue seducido por la literatura a través de un manual y espoleado por su esposa, Ángeles de Castro.

Pero también fue soldado durante la Guerra Civil, estudiante, esposo, padre de siete hijos, cazador irredento, amante de la naturaleza, precursor del ecologismo y defensor de los derechos y libertades de una clase agraria que aún labraba con arado romano y miraba al cielo en espera del agua milagrosa.

Todo ese perfil poliédrico compendia el itinerario "Delibes", a cuya apertura asistirán los reyes junto al ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes; el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco; y el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, además de los hijos del escritor, entre ellos Elisa, presidenta de la Fundación.

Entre otros fondos, hasta el 15 de noviembre en que será trasladada a Valladolid, el visitante podrá contemplar ocho plumillas originales de las caricaturas con las que ingresó en El Norte de Castilla, además de los manuscritos de seis de sus relatos más conocidos: "El camino" (1950), "Las ratas" (1962), "Cinco horas con Mario" (1966), "El príncipe destronado" (1973), "Los santos inocentes" (1981) y "El hereje" (1998).

Un hombre escéptico sobre sus posibilidades literarias y exigente consigo mismo -pese a ganar el Nadal consideró fallida la segunda parte de esta novela y toda la siguiente ("Aún es de día"/1949)-, su obra ha merecido todos los galardones de las letras hispanas y calado en diferentes generaciones como demuestra su fecunda actividad al publicar sus libros en seis décadas distintas.

De todo ello habla una exposición que mostrará el despacho del escritor, trasladado expresamente desde su casa en Valladolid, donde falleció en 2010, así como la máquina de escribir que le regaló su esposa y los libros que esta le regalaba y dedicaba para encauzarle también, además de escritor, como lector.

Primeras ediciones, las versiones ilustradas, fotografías, algunas cartas intercambiadas con los escritores de su generación, objetos personales, álbumes de recortes, medallas y otros galardones jalonan un recorrido donde no se elude los problemas que tuvo con la censura franquista, como periodista y escritor, y reluce el iniciático discurso de ingreso en la Academia, una temprana llamada de atención sobre la conciencia conservacionista.

Algunos retratos, fotografías y pinturas de su anguloso rostro (pese a ello sin esquinas ni dobleces interiores), junto a su relación con el cine, la literatura y el teatro a través de las numerosas adaptaciones de sus libros, reflejan el espíritu de un escritor cuyos personajes más recordados (Pedro, El Nini, Eloy, Desi, Daniel El Mochuelo, Azarías, Quico, Cayo...) revelan una delicada atención a los seres más desvalidos y oprimidos de la sociedad que criticó.

Además de Acción Cultural Española (AC/E), han colaborado la Junta de Castilla y León, Diputación y Ayuntamiento de Valladolid, en una exposición dedicada a quien también escribió para la Agencia EFE una serie de artículos, entre 1982 y 1984, con el epígrafe "La vuelta a mi mundo en ochenta folios". EFE

Roberto Jiménez