EFECórdoba

Un alcázar para Almanzor, una prisión para Gonzalo Gustioz, padre de los siete infantes de Lara, cuyas cabezas colgaron de los arcos de uno de los callejones más bellos de Córdoba, y finalmente, una sinagoga, cuyo dueño fue ajusticiado por la Inquisición.

Son sólo algunas de las leyendas asociadas a la Casa de las Cabezas de Córdoba, un inmueble situado en plena judería y que ha dado pie a numerosas historias, muchas de ellas de la más truculenta naturaleza, convertidas hoy en información turística después de que la vivienda haya sido remodelada como museo privado.

Su propietario desde 2007, Manuel Ramos, ha abierto las puertas de este museo a Efe, y ha explicado que la Casa de las Cabezas existe desde el mismo momento de la Reconquista, y sirvió de vivienda y prisión del noble Gonzalo Gustioz, el padre de los siete infantes que fueron asesinados por orden de doña Lambra y Ruy Velázquez, cuñados de Gustioz, en venganza por un enfrentamiento familiar.

La leyenda es muy conocida en Córdoba: Velázquez y doña Lambra envían a Córdoba a Gustioz para entregarle una carta a Almanzor cuyo contenido pide la muerte del portador de la misma, al tiempo que los siete infantes son dirigidos a una emboscada ante tropas musulmanas en la que finalmente resultan decapitados.

Almanzor, por su parte, se apiada de Gustioz y lo envía a prisión a la Casa de las Cabezas, lugar a donde Ruy Velázquez envía las cabezas de los siete infantes, contempladas por su padre y colgadas de los arcos del Callejón de los Arquillos, uno de los más reconocibles de Córdoba.

Además de esta leyenda, indica Ramos, la casa está demostrando "otros alicientes históricos que intentaron ser ocultados por la inquisición durante cinco siglos".

Y es que, según Ramos, hace unos meses se iniciaron unas investigaciones que pueden demostrar unos hallazgos "muy importantes para la historia y la arqueología de la ciudad".

Dicha investigación apunta a que el propietario de la casa durante la época medieval, Juan de Córdoba "de las Cabezas", un rico mercader, fue acusado y quemado en la hoguera por la Inquisición junto con más de 150 personas por haber convertido la vivienda en una sinagoga y en un lugar de reunión de la comunidad judeoconversa.

"Tras la restauración, parece que la Inquisición llevaba razón, no que fuera justa, válgame Dios", ironiza Ramos, tras haber hallado en el sótano lo que puede ser una bañera ritual judía ("miqve"), un símbolo que está en todos los templos judíos y que cumple todos los requisitos, especialmente que a ella llegue agua pura y corriente.

Se trataría de una pieza, concebida básicamente para purificar a las mujeres después de su primera regla y uno de los pocos que se han conservado en Europa, junto con los de Montpellier y Sicilia, y en la península Ibérica el único junto al de Besalú en Cataluña.

Además, el estudio revela como hecho "histórico" la ascendencia judeoconversa de un nutrido grupo de personas que viven en el entorno de la calle de las Cabezas, y también que esta casa fue mandada derribar por haber sido sinagoga.

"Estamos a la espera de que el mundo de la arqueología emita un informe final", especifica Ramos, convencido de la importancia de este hallazgo.

Hasta entonces, la Casa de las Cabezas seguirá abierta como museo, tras haber sido devuelta a su aspecto medieval, una época histórica que, a juicio de Ramos, "en Córdoba pasa un poco desapercibida", porque todo está centrado en la huella romana y musulmana.

"Hemos querido hacer una especie de centro de interpretación, con mucha historia, huyendo de los estereotipos, para permitir al visitante hacerse a la idea de cómo vivía una familia en la Edad Media", concluye el propietario de un museo que está abierto todos los días del año, y cuya leyenda sigue viva cinco siglos después.

Por Juan Velasco