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Un programa con tres coreógrafos icónicos es la propuesta con la que la Compañía Nacional de Danza une en un espectáculo tres piezas: "Grosse Fuge" de Hans van Manen, "Polyphonia", de Christopher Wheeldon y "Concerto DSCH" de Alexei Ratmansky.

Del 7 al 17 de julio el Teatro de la Zarzuela acogerá un espectáclo ambicioso, "un recorrido en el tiempo de tres maestros del repertorio neoclásico mundial", ha explicado este martes durante su presentación Joaquín de Luz, director de la Compañía Nacional de Danza (CND).

Noches "supercompletas" en las que cada persona se llevará algo muy especial -comenta- un programa "emocional con el que se trata de mover hay musicalidad, la fuerza, que es lo que quiero transmitir al público en estos tiempos turbulentos".

"Siempre que preparo un programa lo primero que pienso es que musicalmente tenga coherencia", dice De Luz, quien añade que además cuadra cronológicamente y estilísticamente.

Las tres piezas las interpretará la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por Manuel Coves, quien ha destacado la complejidad musical y ha resaltado el trabajo del pianista Mario Prisuelos.

"Grosse Fuge" es un espectáculo lleno de sensualidad, la relación de cuatro parejas, a partir del "Cuarteto para cuerda en sol menor de Beethoven", una pieza "cumbre" del compositor, indica Coves, "lo tacharon de loco, de incomprensible porque con esa obra rompió la estructura y la armonía".

"Polyphonia" es un ballet coreografiado por Christopher Wheeldon, con el que ganó el premio Laurence Oliver (2003), con música de György Ligeti. El primer ballet de Wheeldon tras retirarse como bailarín. No tiene argumento y en su día lo describió como "romántico con giros cómicos".

Lauren Lovette, hasta octubre pasado bailarina principal del New York City Ballet y actualmente primera coreógrafa residente en la historia de la Paul Taylor Dance Company, ha sido invitada para bailar esta pieza.

El último título, "Concerto DSCH", del compositor Dmtri Shostakovich, Alexei Ratmansky presenta una simbiosis entre música y danza. "Es un honor estar invitado por Joaquín, es un monstruo", ha reseñado Ratmansky sobre el director con el que ya había trabajado en el New York City Ballet, del que admira su energía y que bailará esta pieza los días 9, 15 y 16 de julio.

El coreógrafo nacido en Rusia, pero de origen ucraniano -su familia continúa en Kiev-, no ha evitado referirse a la guerra y ha pedido disculpas, en un "momento tan difícil", por crear la mayoría de sus ballets a partir de la música de compositores rusos que crearon en un momento de "esplendor del imperio ruso que, sin embargo, ahora me siento herido como ciudadano de Ucrania".

A pesar de su compromiso con la paz, subraya que no puede culpar a los compositores rusos "por los crímenes de Putin y cerrar los ojos a su cultura".

Joaquín de Luz ha vuelto a hacer hincapié en que la danza en España no está apoyada suficientemente y necesita un teatro estable.

Los bailarines españoles "nutren las mejores compañías de danza de Europa", señala. "Todo ha ido a peor, el apoyo no está a la altura del talento que hay", apunta con una actitud que califica de realista, no pesimista.