EFEParís

La obra "Dirty corner" de Anish Kapoor, definida por el artista como "vagina de la reina tomando el poder" e instalada ante la fachada del palacio de Versalles, volvió hoy a ser vandalizada, poco más de dos meses después de haber sufrido un primer ataque.

Esa obra, una imponente trompa de acero de diez metros de altura en su cabecera, 60 metros de largo y miles de toneladas de peso, fue recubierta con inscripciones antisemitas en pintura blanca.

"Innumerables degradaciones y mensajes de odio sobre la obra de Anish Kapoor en @CVersailles. La estupidez y la violencia contra la cultura", denunció en Twitter la ministra francesa de Cultura, Fleur Pellerin, quien acudió a Versalles para comprobar en persona el daño causado.

En una entrevista concedida al diario "Le Figaro", Kapoor, británico de origen indio, pero también judío e iraquí, dijo estar sorprendido de que una obra pueda desencadenar "tal violencia", y vio lo sucedido como "un ataque contra el espíritu humano".

El artista indicó que tras el acto vandálico de junio accedió a que se limpiara, pero que esta vez desea que siga expuesta en Versalles y en sus futuros centros con esos insultos, para mostrarla como "portadora del odio que ha atraído".

Kapoor añadió que este segundo ataque a "Dirty corner" le pilló por sorpresa porque, a diferencia del primero, no había recibido ninguna amenaza.

La presencia de la obra en ese dominio palaciego forma parte de la exposición que desde principios de junio y hasta el próximo 1 de noviembre ha autorizado al artista angloindio a trastocar la ordenada geometría de ese lugar, que cada año visitan 20 millones de personas.

La polémica había surgido en el momento de su instalación, tras una entrevista en el semanario "Le Journal du Dimanche" en la que el creador admitía su evidente connotación sexual.

Las dos agresiones registradas recuerdan a la que el pasado octubre, en la plaza Vendôme de París, acabó una noche desinflando un ambiguo "Tree" verde de plástico de 24 metros de altura de Paul McCarthy, escultura en la que muchos vieron, en lugar de un árbol, un gigantesco juguete sexual.