EFEParís

Un eunuco determinado, una esclava copista e intelectual y un ladrón desvergonzado protagonizan junto a una mula el último cómic de Wilfrid Lupano y Léonard Chemineau,"La bibliomule de Cordoue", publicado este viernes en Francia, que recupera la trágica destrucción de la biblioteca califal de Córdoba.

Para Lupano, uno de los escritores de cómics más populares de Francia, la historia del resplandor y posterior destrucción de la biblioteca, creada por Al-Hakam II y que llegaría a ser uno de los referentes de documentación en occidente en el siglo X, fue todo un descubrimiento personal.

Su hallazgo en 2016, cuando Francia vivía aún en la resaca de una dura sucesión de atentados terroristas a manos de islamistas, le sirvió para ilustrar de forma atractiva la complejidad histórica detrás del extremismo religioso.

"Abderramán III y Al-Hakam II creían servir a dios tratando de hacer al pueblo lo más inteligente posible, pero una banda de radicales consideraron después que para servir a Dios había que destruir todos esos libros y concentrarse en el Corán", dice Lupano en una entrevista a EFE.

A finales del siglo X, el Califato de los Omeya se acerca a su ocaso tras la muerte de Al-Hakam II y la sucesión de su hijo menor Hisham II, de once años. Con ellos, se apaga también el resplandor cultural del califato de Córdoba, cuya potencia cultural era comparada a la de Bagdad o Constantinopla.

Almanzor, chambelán del joven califa, se apoya en los sectores más oscuros del islam para iniciar la quema de los 400.000 ejemplares que guardaba la biblioteca, con traducciones del griego, persa y otras lenguas.

A partir de estos hechos históricos, Lupano y Chemineau imaginan la aventura de Tarid, el eunuco responsable de la biblioteca, Lubna, jefa de las copistas, instruida en ciencias y en lenguas, y un imaginado joven ladrón, Marwan, en cuya mula cargan cuantos libros pueden para tratar de salvarlos del fuego.

Con humor y una relativa fidelidad a los hechos apoyada en historiadores, escritos de la época y hasta especialistas de caligrafía, proponen un cómic apto para todos los públicos que pretende hacer pasar un buen rato y, de paso, instruir al lector.

"Los cómics se comparten mucho más que los libros porque su tiempo de lectura es de apenas varias horas. Cuando entran en la familia todo el mundo los lee y habla de ellos", opina el escritor.

DESCONOCIMIENTO HISTÓRICO

Los creadores, que llegaron a esta parte de la historia buscando documentación sobre la destrucción del saber a manos del hombre, muestran su sorpresa por no haber recibido información en la escuela sobre este momento de expansión cultural en Europa.

"Hay una especie de rechazo europeo a este período, que no nos enseñan en la escuela francesa. Estos dos califas tenían un objetivo real de crear una educación popular. Fue una época dorada para la razón que se cerró con la llegada de Almanzor", dice Lupano.

En paralelo, las guerras intestinas mantenían a otros pueblos europeos en la oscuridad. Su libro recuerda también los incómodos pasajes de otras religiones que en un momento u otro decidieron igualmente quemar los objetos de conocimiento.

A Chemineau, dice, le habían enseñado que "lo que sabemos viene del Renacimiento italiano y de la Ilustración francesa, gracias a la cual salimos del oscurantismo".

"No tenía ni idea de que buena parte de este conocimiento había transitado por la España musulmana y había sido almacenado durante mucho tiempo en el Califato de Córdoba. Intentar cambiar la mirada que la gente tiene sobre algo es el motor por el que hago libros", añade el dibujante de "Julio Popper: el último rey de la tierra del fuego", entre otros cómics.

Confiados en que el cómic pueda ser traducido en español, como el resto de álbumes de Lupano, sus autores esperan que las 250 páginas de este tomo, que les ha llevado casi tres años de trabajo, no asusten a los lectores, conscientes de que incluso en la actualidad muchos siguen sin comprender la importancia de la cultura, las ciencias y el arte.

El mismo problema con el que se topan los tres protagonistas de "La Bibliomule de Cordoue" cuando intentan buscar ayuda y concienciar a otros de la importancia de salvar esos textos.

El camino hacia el noroeste que toman los aventureros reproduce además una ruta que Lupano hizo en coche por Córdoba, cuando fue a buscar referencias para su libro. Chemineau se conformó con las fotos y vídeos que le pasó su compañero. "Un pequeño virus", dice, le impidió lanzarse al viaje como hubiera querido.

Por María D. Valderrama