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El director de la Feria del Libro, Manuel Gil, pedirá mañana a la Comunidad de Madrid ampliar hasta 6.000 visitantes el aforo máximo (en la actualidad es de 3.900), una medida con la que esperan también favorecer a las casetas centrales, las "perjudicadas" de esta cita que han calificado de "agridulce".

"Hacemos una valoración enormemente positiva desde el punto de vista de movimiento de público, comercial, de autores, de firmas; ahora mismo no hay ningún motivo para decir que algo no está funcionando porque todo está funcionando razonablemente bien a pesar de que el aforo nos limita mucho", ha explicado a Efe Gil el día en el que la feria cumple su ecuador.

Pese a que aún no hay datos de ventas, Gil ha adelantado a Efe que mañana telefoneará al viceconsejero madrileño de Salud Pública, Antonio Zapatero, para pedir que el aforo de la feria aumente hasta las 6.000 personas como máximo, porque pedir la liberación del aforo la ve "muy poco probable".

Un aumento, según ha comentado también a Efe Pablo Bonet, secretario del Gremio de Librerías de Madrid y de la Feria del Libro de Madrid, que permitiría "hacer fluir más gente en los dos sentidos y que las casetas centrales no se vean tan perjudicadas".

"De momento el balance es positivo porque hemos recibido un apoyo total del público, que ha acudido en masa al Retiro pese al problema del montaje y el foro", ha manifestado Bonet, quien ha reconocido el problema de los profesionales cuyas casetas están en la "isla central", donde antes se vendían "perritos calientes".

Así lo ha lamentado Alberto Vicente, de Punta de Vista editores y la Línea del Horizonte, para quien esta edición es "agridulce".

"Por un lado estamos muy contentos de volver a sacar los libros a la calle, pero está siendo una feria muy complicada a nivel de ventas, a pesar de que hay mucha gente y los aforos se llenan. Las firmas recurrentes de grandes estrellas mediáticas y autores hace que el público esté muy repartido y nosotros estamos aproximadamente un 70% por debajo de la última feria", ha dicho a Efe.

En este sentido, el director de la Feria del Libro ha explicado que la realidad que viven estas casetas de editores situadas en el pasillo central, que ven cómo se quedan a la izquierda de la marcha de los compradores, es un "problema que está estudiado en todos los estudios de mercadotecnia".

"El problema -ha añadido- es que hay muy pocas soluciones porque la otra opción era excluir a los editores, y si lo hubiéramos hecho tendríamos el problema de que los habíamos excluido. Qué podemos hacer, pues hacerles vídeos, recomendar por megafonía estas editoriales, o en un momento determinado se podría plantear algún tipo de compra institucional. Pero obligar a la gente a hacer un giro a la izquierda tiene difícil solución".

Por eso Paulo Cosín, editor de la editorial Morata y vicepresidente de la Asociación de Editores de Madrid, ha reconocido que en esta feria hay "posiciones encontradas".

"Es la feria 80 y hay una serie de rutinas que vienen de 80 años -matiza-. El funcionamiento de toda una masa de personas dentro de un control de aforo produce zonas muy irregulares, zonas muy pobladas y zonas muy vacías y si no hubiera control de aforo no habría esperas y tampoco habría rigideces, todo el mundo se podría dispersar y todo funcionaría de una manera más natural".

En este sentido, el editor es consciente de que el público de las casetas de editoriales ha salido "ahuyentado".

"Estamos muy unidos en la comisión de la feria, pero hay muchas personas que están preocupadas porque aún no han sacado ingresos suficientes para pagar el alquiler de la caseta, que es de unos 2.400 euros para los editores y de unos 1.500 para libreros", explica.

Otro de los editores que califican la feria de "un poco negativa" Alejandro Hermida, de Hermida editores: "vemos que las firmas están copando el aforo, casi ha desaparecido el comprador y el paseante, estamos teniendo un sábado con menos gente incluso que el jueves. Incluso libreros que no tienen firmas están descontentos", expresa este editor "aislado" en las casetas centrales.

"Estamos casi en el ecuador, el primer fin de semana habíamos facturado un 75% menos que respecto al 2019, puede que lleguemos a números negros pero nos va a costar mucho, no lo vemos claro. No tiene sentido estar aforados cuando luego en las terrazas están echándose el humo a la cara en 8 metros cuadrados", concluye.

Pilar Martín.