EFEViena

La Filarmónica de Viena volvió este jueves a los jardines del Palacio de Schönbrunn en su tradicional Concierto de Noche de Verano, que homenajeó la música clásica europea en una velada también marcada por la solidaridad con Ucrania.

El maestro letón Andris Nelsons, colaborador habitual de la Filarmónica, estuvo por primera vez al frente de esta cita musical, que la antigua residencia veraniega de los Habsburgo acoge desde el año 2004.

En esta edición, la orquesta resaltó la música europea como un punto de encuentro y entendimiento internacional, como demuestra la selección de compositores, que incluye a músicos de Italia, Francia, Rumanía y Letonia, entre otros.

“La música de Europa se nutre de la rica diversidad de tradiciones de sus países, pero también une al continente en un todo cultural”, explicó el presidente de la Filarmónica, Daniel Froschauer, en un comunicado.

Esta unión también es especial para la capital austríaca, pues todos los compositores del programa han pasado en algún momento por Viena e incluso algunos dirigieron en su día a la orquesta.

Así lo demuestra la obertura "Leonora número 3", de Ludwig van Beethoven, con la que inició el programa.

Esta obra, un manifiesto por la libertad y el amor, inauguró hace 180 años el primer concierto de la filarmónica vienesa.

Esta pieza dio paso al vals de Mykola Lysenko, “Abschied” (despedida, en español), una obra folclórica donde las campanillas y los platillos interrumpieron con fuerza en el rítmico trance de la danza ucraniana.

Como muestra de apoyo al país invadido por Rusia, la Filarmónica tocó por primera vez esta pieza de Lysenko (1842-1912), considerado el compositor más importante de Ucrania.

“La Filarmónica de Viena ha elegido un programa musical muy europeo que, a la luz de la terrible guerra en Ucrania, pretende ser una expresión musical del parentesco cultural”, manifestó el alcalde y gobernador de Viena, Michael Ludwig, antes del concierto

Con todo, el plato fuerte fue el violonchelista francés Gautier Capuçon y su violonchelo Matteo Goffriller de 1701.

En el “Concierto para violonchelo número 1” de Saint-Saëns, Capuçon se bate con la orquesta para llevar el liderazgo de la pieza, culminando en un pacífico minueto que retorna a los temas principales de la melodía.

El programa continuó con un tango del letón Arturs Maskats, seguido de la obertura de 'La urraca ladrona', de Gioacchino Rossini.

Fue precisamente la música la que pareció despejar el cielo de Viena, que amenazaba con ofrecer un concierto pasado por agua, como sucedió en varios de las últimas ediciones.

La velada, que cada año atrae a unos 100.000 amantes de la música clásica y a una gran audiencia televisiva, recuperó su esplendor tras dos años de pandemia que obligaron a limitar el aforo.

Tras el concierto, Nelsons salió al escenario para corresponder a los aplausos de un público entusiasmado que también marchaba espoleado por la tormenta veraniega.