EFEConcha Barrigós. Madrid

Una fábula atravesada por las ideas de la Ilustración se convierte en un cuento de hadas juguetón y proyectado como una película de cine mudo con Buster Keaton y Louise Brooks de protagonistas en el montaje que esta noche ha recuperado el Real de "La flauta mágica", que ha renovado el exitazo de 2016.

Mario Vargas Llosa, Pedro Almodóvar, José Luis Abalos y Manuel Valls son algunos de los asistentes que han presenciado esta noche en el Real el reestreno de esta producción de la Komische Oper de Berlin, que, al igual que sucedió hace cuatro años, tiene prácticamente agotadas las entradas de las 13 funciones que ofrecerá hasta el 24 de febrero

Dibujos animados, el cómic de los años 30 y el pop art de Lichenstein se entretejen en este trampantojo cinematográfico en 3D ideado por Barrie Kostky, en el que la música de Mozart, estrenada pocos meses antes de su muerte, permite la reflexión sobre la sabiduría, la virtud, el amor, la fraternidad, la luz y la oscuridad.

Dirigidos por Ivor Bolton, que también lo hizo en 2016, Andrea Mastroni (Sarastro), Stanislas de Barbeyrac (Tamino), Rocío Pérez (Reina de la Noche), Anett Frisch (Pamina), Andreas Wolf (Papageno) y Mikeldi Atxalandabaso (Monostatos), han aparecido y desaparecido de la pantalla, por cinco puertas superiores a cuatro metros del suelo y por una a nivel del suelo y se han "sincronizado" con la proyección.

Esta especie de teatro proyectado, amplia, aclara, explica y disloca la acción, y, además, sustituye los largos pasajes hablados del original -un "singspiel"- por diálogos proyectados que tienen como banda sonora un fortepiano amplificado con las fantasías en Re menor y Do menor de Mozart.

Bolton ha hecho disfrutar de nuevo al público con su gran conocimiento de esta partitura, en la que él respeta el sonido natural del siglo XVIII, con trompas y trompetas.

Las claves de la versión son la música, el amor y la imagen y con ellas se reproduce el proceso iniciático que imaginaron Mozart y el libretista, Emanuel Schikaneder, ambos masones, y la batalla en la que la luz se enfrenta al oscurantismo.

El sacerdote de Isis, Sarastro, quiere que la humanidad descubra la verdad en un proceso en el que el "hombre natural" debe controlar sus instintos para hacer de la razón, la valentía, el amor y la lealtad las armas contra la sumisión, el miedo y la tiranía, según explica en el programa de mano el intendente del Real, Joan Matabosch.

El príncipe Tamino tendrá que pasar unas pruebas en ese proceso para hacerse merecedor de la sabiduría y el amor. A su lado, Papageno es el hombre todavía dominado por los instintos, un niño moral al que todavía no ha sacado la Ilustración de su minoría de edad.

Tamino tendrá que dejar el mundo de las tinieblas que domina la Reina de la Noche, aquí una araña a la manera de la célebre de Louise Bourgeois, que controla y apresa a su hija Pamina y representa el oscurantismo y el pensamiento reaccionario.

Pero todos los personajes son buenos y malos a la vez, a todos les ayudan en sus propósitos fuerzas oscuras y luminosas y ahí aparecen la flauta y las campanitas mágicas.

Sarastro tiene un servidor, Monostatos, que adquiere las formas del Nosferatu de Murnau, un ser inhumano y sádico que disfruta poniendo cadenas y atemorizando.

Papageno es a ratos el Buster Keaton de "El Colegial" y a ratos el Charlot de "Tiempos modernos", a la caza de pollos asados; Pamina recuerda a Louise Brooks; Tamino a Rodolfo Valentino y Sarastro a Abraham Lincoln.

"La flauta mágica" es "muy difícil", no se resuelve como otras óperas, y lo que ha querido Barrie Kotsky es presentarla como una pieza de entretenimiento llena de momentos emotivos y conmovedores.

Las imágenes que se proyectan tras los cantantes, que tienen que sincronizar sus movimientos con ellas "a ciegas", ayudan a "abrir" la ópera, a resolver esta caja de Pandora de la magia, y a resolver prodigios como hacer que mane agua, que explote una bomba o atraer a la Reina de la Noche.

Papageno lo hace de nuevo el muy solvente barítono Joan Martín-Royo, que fue muy aplaudido en 2006 y que esta noche ha renovado el entusiasmo del público.