EFEMadrid

No estaba ni "loca ni equivocada" cuando, hace más de 20 años, La Mala Rodríguez empezó a estampar ese nombre de guerra en paredes y discos. Se rebelaba así contra estereotipos hacia la mujer y hoy, con un Premio Nacional de Músicas Actuales y su primer álbum en 7 años, lo celebra.

"El mayor deseo para mí en este trabajo ha sido disfrutarme y disfrutar de lo mala que soy. ¿Por qué la mujer siempre es tachada así si no se comporta como ellos quieren, por decir lo que piensa o tener sus propias normas? Son las preguntas que me he hecho en estos 20 años y saberme mala hoy es una puta fiesta", ratifica en una charla con Efe en la que aparece con una sonrisa radiante.

Se siente en pleno control, dice, "como ir a derrapar por la nieve y saber manejar el coche", en parte porque gracias a las once nuevas canciones que desde este viernes integran "Mala" (Universal Music) ha aprendido a verse "con cierta distancia".

"Al observarte desde fuera aprendes mucho y sabes cómo puedes mejorar, te ríes de ti mismo... Esa distancia, sea la edad, la experiencia o la educación, es un valor muy importante. También es ser menos autocrítico", reflexiona.

En su sexto álbum de estudio, María Rodríguez (Jerez de la Frontera, 1979) sigue siendo la rapeadora social, pero también se brinda al ritmo contagioso del "dembow", digan lo que digan los más críticos, como en ese perreo que es "Dame bien", en el que proclama su sexualidad activa y se reafirma como dueña de su cuerpo.

"Menos complejos tenemos que tener", ha dicho sobre este corte que coincidió con la publicación en Instagram de una foto suya desnuda en el suelo de su cuarto de baño.

En otros momentos, sobresale por su vena más sensible, como en "Superbalada", "una llamada para todos los aventureros" que atenaza el corazón en su encuentro de quejío flamenco y latigazo eléctrico y que ha sido uno de los temas que más tiempo ha dejado reposar.

"Como La Mala, soy Dios aquí, y la que vive todo eso es María. Me gusta ver lo que he hecho y qué no he hecho. Cuando un artista escribe sus letras a partir de la piel es una cosa, pero cuando entiendes que todo eso forma parte de algo más grande es cuando lo disfrutas y yo me he sentido una gran directora de toda esta película", explica.

Emocional también es "Mami", el lamento de la niña que fue y que pedía a su madre que volviera del trabajo.

"Pensaba en otras mamás muy jóvenes que no están atendiendo a sus hijos. Dibuja la sociedad de hoy: bebés teniendo bebés que llevan a las abuelas a cuidar de los niños. (...) Es hermoso ser madre, pero hay muchas trampas ahí metidas y no está de más recordarlas", comenta desde su propia experiencia.

Del amor y "la búsqueda de lo puro "habla en "Nuevas drogas", el corte que abre el álbum, como "el último escalón al que todo el mundo puede aspirar" en un mundo en el que "tenemos las papilas gustativas gastadas, porque estamos sobreestimulados".

No faltan las colaboraciones. En "Problema" se reencuentra con Lola Índigo, en quien parece haber encontrado la perfecta socia musical. "Cuando la conocí me inspiró muchísimo. Me pareció muy humilde, respetuosa, trabajadora y muy valiente, con algo muy fresco", cuenta.

En "Pena" está asimismo Cecilio G, al que contactó tras su salida de la cárcel por un delito de amenazas a raíz de un incidente en el metro de Barcelona en 2015 en el que no tuvieron en cuenta su historial psiquiátrico.

"El movimiento urbano en España es Cecilio G. Es un artista con mayúsculas y tiene mucho que ofrecer. Parece que hoy los artistas son obreros que solo cumplen lo que tienen que hacer, pero algunos todavía hacen lo que les nace", señala sobre el que está considerado uno de los mayores embajadores del "trap" en España.

No hay gira de momento para ella por la pandemia de COVID-19, pero su "optimismo" se expande incluso a ese terreno, convencida de que "pronto" se encontrará una solución para poder actuar y presentar sus nuevas canciones en directo.

Javier Herrero.