EFEMadrid

La plaza de toros monumental de Pamplona cumplirá el próximo 7 de julio cien años desde su inauguración, habiendo albergado en su ruedo, y no solo durante las fiestas de San Fermín, más de mil espectáculos taurinos que tienen su particular y notable historia.

Sobre el proyecto del arquitecto donostiarra Francisco Urcola, muy similar al que sirvió unos años antes para levantar la Monumental de Sevilla, y aprovechando la nueva técnica del hormigón armado, la plaza ahora centenaria se construyó en apenas dos años con un presupuesto de 1.300.000 pesetas.

Y el día de San Fermín de 1922 todo estaba dispuesto para que Saleri II, Juan Luis de la Rosa y Marcial Lalanda hicieran en ella el primer paseíllo, para estoquear una corrida de Vicente Martínez en una tarde que, salvo la efeméride, dio poco más para reseñar.

Desde aquel de la inauguración al del 14 de julio de 2019, en la nueva plaza de Pamplona se han celebrado un total de 1.001 festejos mayores, de los que 704 han sido corridas de toros, 27 de rejones, 255 novilladas con o sin picadores y 15 festivales, según datos extraídos del libro "Historia taurina de Pamplona en el siglo XX", de Koldo Larrea, y ahora ampliados por EFE.

A esa lista de espectáculos habría que añadir una más difícil de calcular, la de los aproximadamente 200 festejos de índole menor, como los cómicos, las becerradas de peñas y las fiestas camperas que eran habituales cada temporada, además de las corridas de San Fermín, y que prácticamente desparecieron de la programación en los politizados años 70.

En todo ese siglo de existencia, la monumental de Pamplona solo ha visto interrumpida su actividad en dos ocasiones, y ambas durante dos años, por motivo de la Guerra Civil (1937-1938) y de la pandemia de la Covid-19, en 2020 y 2021.

Pero a esos parones forzosos se añadiría también la suspensión de las corridas, y del resto de actos de San Fermín, decretada por el Gobierno Civil tras los altercados provocados por la muerte del mozo Germán Rodríguez durante la irrupción de la policía antidisturbios en la plaza al finalizar el festejo del 8 de julio de 1978.

En un recinto que ha sufrido también dos remodelaciones -la de la cubierta de Rafael Moneo en 1964, que amplió su aforo en 5.800 localidades, y la de accesibilidad en 2005- se han anunciado en estos cien años hasta 364 matadores de alternativa, aunque solo cuatro han llegado a sumar allí más de 30 actuaciones.

Encabeza la lista Francisco Ruiz Miguel, con 35 paseíllos y 13 orejas cortadas, seguido de Antonio Ordóñez (32), Dámaso González (31) y Diego Puerta (30), que además tiene el récord de trofeos, con 43, mientras que entre los que aún siguen en activo, se acerca El Juli, con 27 corridas y la opción de superar este año en trofeos a Ordóñez, con el que iguala a 32.

En cuanto al toro, entre las ganaderías que han lidiado sus productos en la Monumental -que son más de 200 y que han aportado casi 6.000 reses- la legendaria de Miura las lidera con 58 corridas, de las que 40 han sido anunciadas de forma ininterrumpida desde 1979.

Tras la divisa sevillana se sitúan, en número de festejos, las de Pablo Romero (34), las de la casa Guardiola (31), la del Conde de la Corte (30) y la de Marqués de Domecq (28), como estrellas ganaderas de unos Sanfermines que, desde 1959, también llevan el sobrenombre de Feria del Toro, por la seriedad y el tremendo trapío de los que salen por sus chiqueros.

A los 4.253 cuatreños y cinqueños estoqueados durante un siglo en Pamplona los matadores de toros les han cortado hasta 63 rabos, desde el primero que paseó Maera de un toro de Veragua en 1924 hasta el que obtuvo Antonio Ferrera en los Sanfermines de 2006.

Y a esos máximos trofeos se suman otros 14 obtenidos por novilleros y los tres que, ya en el siglo XXI, ha paseado el rejoneador navarro Pablo Hermoso de Mendoza, auténtica estrella de la plaza donde ha hecho 31 paseíllos durante 30 años consecutivos.

En cuanto a alternativas, han sido once las concedidas en el ruedo pamplonés, seis de ellas a toreros navarros: Joselito Martín (1922), Saturio Torón (1930), Julián Marín (1943), Isidro Marín (1951), Paco Corpas (1956), Bartolomé Sánchez "Simón" (1973), Manolo Rubio (1974) -único matador, hasta la fecha, en lidiar allí seis toros en solitario en 1978-, Sergio Sánchez (1990), Francisco Javier Martínez "Paquiro" (1992) y Santiago Ambel Posada (2006).

Toda una centuria de toros ha dado, pues, para mucho, para disfrute de una afición entusiasta y festiva que ha tenido además sus toreros predilectos a lo largo de todas las épocas del toreo, desde el Niño de la Palma a Roca Rey.

Al primero le vio triunfar allí en 1925 Ernest Hemingway para inspirar el personaje de Pedro Romero de su novela "Fiesta", y el último ha protagonizado cuatro salidas a hombros por la puerta del encierro en los últimos años.

Entre uno y otro, los tendidos de la Monumental de Pamplona han vibrado con Nicanor Villalta, con Félix Rodríguez, con Domingo Ortega, con Manolete, con sus paisanos Julián e Isidro Marín, con Luis Miguel Dominguín, con Antonio Ordóñez y con Puerta, Camino y El Viti, pero no con El Cordobés, que fue abroncado en las dos corridas que toreó y se sacudió las zapatillas en la última para no volver más.

Y también lo ha hecho con los hermanos Girón, con Dámaso González, con Ruiz Miguel, con Antonio José Galán, con el Niño de la Capea, con Emilio Muñoz, con Morenito de Maracay, con Yiyo, con Espartaco, con José Tomás, con Juan José Padilla, con Pepín Liria, con El Juli o con Rafaelillo.

Este último, el murciano Rafael Rubio, ha sido, precisamente en la corrida que cerró los Sanfermines del 19, el último herido de consideración en una plaza donde, desde el tremendo sufrido por Rafael Ortega en 1950, también se han registrado gravísimos percances entre los de luces, aunque, afortunadamente, ninguno de consecuencias mortales.

Pero, más allá de la sangre y el dolor, cuentan los éxitos, que en Pamplona va acompañados siempre del inconfundible estruendo y de los cánticos de unas fiestas universales que han tenido su epicentro, mañana y tarde, en el hormigón de esta plaza durante todo un siglo. Y lo que queda...

Por Paco Aguado.