EFEBangkok

Tres periodistas birmanos de un canal ilegalizado por la junta militar fueron detenidos en la vecina Tailandia, a donde habían huido tras el golpe de Estado militar, y se enfrentan a ser deportados por supuesta entrada ilegal.

Los reporteros de canal DVB (Democratic Voice of Burma) fueron detenidos el domingo junto a dos activistas birmanos durante una redada en la norteña ciudad de Chiang Mai, desde donde aparentemente continuaban retransmitiendo noticias a través de internet.

Un policía de Chiang Mai declaró a Efe que los arrestados habían entrado a Tailandia supuestamente de manera ilegal a través de la porosa frontera que comparten ambos países y que se espera sean llevado hoy ante un tribunal.

El redactor jefe de DVB, Aye Chan Naing, pidió a las autoridades tailandesas que no deporten a los periodistas detenidos a Birmania, donde "su vida está en serio peligro", y reclamó la intervención de representantes de Naciones Unidas para proteger a los periodistas.

"(Los periodistas) habían estado cubriendo las manifestaciones en Birmania hasta el 8 de marzo, día en que la junta militar revocó la licencia de televisión a DVB y prohibió al medio realizar cualquier trabajo informativo", apunta el redactor jefe en un comunicado.

El Club de Corresponsales Extranjeros en Tailandia (FCCT) expresó su "seria preocupación" por los arrestos y reclamó la "liberación" de los detenidos, además de que se les garantice un permiso de residencia temporal.

"El mundo observa lo que hacen las autoridades tailandesas en este importante caso sobre la libertad de prensa en Birmania y la región, y por la protección de quienes huyen de la brutal represión de la junta contra los medios independientes y la sociedad civil", apunta en un comunicado el FCCT.

La junta militar birmana, que tomó el poder el 1 de febrero, ha detenido al menos a 40 periodistas, publicado órdenes de arresto contra una veintena, retirado las licencias de decenas de medios y continua su persecución sobre quien informa de las manifestaciones en rechazo de la sublevación castrense.

La mayoría de los periodistas birmanos viven ahora en la clandestinidad dentro y fuera de Tailandia mientras los medios birmanos siguen informando a diario de la represión de las fuerzas de seguridad en el país.

Soldados y policías reprimen con brutalidad las protestas e incluso disparan a matar contra los manifestantes.

Al menos 781 personas han perdido la vida en Birmania por la respuesta contra las manifestaciones, según cifras de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos (AAPP) que también informa de que 3.843 personas continúan detenidas por los militares, entre ellas la depuesta líder Aung San Suu Kyi.

El Ejército birmano justifica el golpe de Estado por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que arrasó el partido de Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que fueron considerados legítimos por los observadores internacionales.