EFEMilán (Italia)

La "Tosca" de Puccini abrió hoy por primera vez la temporada lírica de La Scala de Milán con toda su grandeza y en su versión más cinematográfica, recogiendo la ovación de un público rendido completamente a la proverbial soprano Anna Netrebko.

Como cada 7 de diciembre, San Ambrosio, patrón de la ciudad, este templo de la lírica alzó su histórico telón, esta vez para estrenar una nueva producción de este melodrama de tres actos de Giacomo Puccini impregnado de revolución, pasión, perfidia, represión y muerte.

La gran soprano rusa se metió en la piel de Floria Tosca, aquella "primadonna" que defendió a su amado, el pintor Mario Cavaradossi (Francesco Meli) y sus anhelos de libertad de las garras del represor Scarpia, interpretado por el barítono Luca Salsi.

El reparto se entregó y el público lo premió con una ovación de más de 15 minutos y flores sobre el escenario. Conquistó incluso al temido gallinero, donde tradicionalmente se sientan los seguidores más puristas, atentos como francotiradores a que ni una sola nota patine.

Esta "Tosca" era una apuesta segura. Todos en Milán esperaban a Netrebko, que ni siquiera se había presentado hace unos días en la rueda de prensa al encontrarse indispuesta. Pero como se preveía, no decepcionó.

En la mitad del segundo acto alguien desde un palco gritó "brava" y desencadenó un aplauso espontáneo, después de que interpretara el bello aria "Vissi d'arte", en el que se pregunta sobre su fatal destino ante el chantaje sexual de Scarpia.

Desde enero sin embargo será sustituida como protagonista por la soprano española Saioa Hernández, y también en la gira que La Scala realizará el próximo septiembre en el lejano Japón. De este modo la madrileña repetirá en La Scala, tras triunfar al pasado año en el "Attila" de Verdi.

UNA VERSIÓN CINEMATOGRÁFICA Y COLOSAL DEL CLÁSICO

La Scala optó por un clásico ambientado en el lugar donde Puccini lo estrenó en 1900, Roma. Las convulsas calles de la Ciudad Eterna en 1800 son testigo del truculento triángulo entre Tosca, su amado y el jerarca que quiere fusilarle por sus ideales liberales y revolucionarios.

Es, por ende, la historia de "una mujer desesperada" capaz de todo por defender sus pasiones, en palabras del escenógrafo Davide Livermore, que firmó esta apuesta con la batuta del maestro Riccardo Chailly, obcecado en redescubrir el repertorio italiano.

Por ello en esta ocasión la "gran aventura" ha consistido en dotarla del "sentido cinematográfico" del propio Puccini y encajar además ocho nuevas inserciones musicales de la versión original.

El universo de "Tosca" es limitado pues transcurre en solo en algunas horas y en unos pocos palacios romanos. Así, en la apuesta de Livermore todo se mueve, no tiene secretos ni ángulos ciegos y la escena cambia emulando movimientos de cámara, como si de planos se tratara.

Los edificios se muestran en todo su detalle, como la iglesia romana de San Andrés della Valle, su cripta o su espectacular altar mayor, con Te Deum incluido. O las barrocas estancias del Palacio Farnesio, desde donde el barón Scarpia extiende su reino de terror, pues la idea que rezuma de fondo es la de la opresión del fuerte contra el débil.

Otro momento álgido fue cuando el tenor Meli, el amado de Tosca, se despide del mundo con su "E lucevano le stelle", que conmocionó al público.

Pero sobre todo en el final de la obra, con Tosca arrojándose desde lo alto de la fortaleza pontificia de Castel Sant'Angelo, al comprender que su amado había muerto.

En definitiva la representación de Livermore rechaza cualquier minimalismo y se lanza a lo colosal, con impresionantes decorados, arriesgados -y logrados- efectos visuales y hasta una doble de Tosca para evocar sus momentos de introspección.

UN EVENTO ITALIANO

La "Prima" de La Scala, la inauguración de su temporada lírica, es uno de los momentos marcados en rojo en el calendario cultural de un país, Italia, que ondea su Bel Canto como un verdadero tesoro.

El evento, envuelto en un potente dispositivo de seguridad, reúne en este grandioso teatro fundado en 1776 a la burguesía italiana y este año volvió a colgar el cartel de entradas agotadas pese a que su precio oscila entre los 50 y los 2.500 euros en platea.

Fuera, como ya es tradición, un centenar de personas se manifestaban por la situación de los kurdos en el norte de Siria, entre otras causas, a pesar del intenso frío que se respiraba en la capital lombarda.

La representación de "Tosca" contó con la presencia del jefe del Estado, Sergio Mattarella, arropado como siempre por una estruendosa ovación.

Pero también acudieron rostros conocidos como la cantante Patty Smith, la bailarina rusa Svetlana Zacharova o la senadora Liliana Segre, superviviente de Auschwitz.

La "Prima" también se disfrutó fuera de los centenarios muros del teatro y los italianos pueden verlo en directo a través de la televisión pública, incluso en hospitales y cárceles, y llega asimismo a los cines de medio mundo, como de España y Latinoamérica.

Gonzalo Sánchez