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Haciendo bueno el título de su debut discográfico, "Pero no pasa nada" (2019), Amaia Romero ha sabido sobreponerse al peligroso rasero de las altas expectativas y demostrar que, más allá de las cifras, el suyo es un fenómeno activo que, con canciones como "El relámpago", brilla con fuerza.

Tres meses después del arranque oficial de su primera gira por auditorios, la joven pamplonesa ha llegado este jueves para actuar dentro del ciclo Inverfest durante dos noches consecutivas ante todo el aforo del Teatro Circo Price (1.800 personas), agotado por un público heterogéneo y ansioso de disfrutar en directo y con sus propios temas de la ganadora de "Operación Triunfo 2017".

En su estreno en la capital, con el permiso de una fugaz incursión en el Teatro Real en 2018, Amaia ha vuelto a dejar ver las razones que la llevaron a la victoria en aquel concurso: su sensibilidad musical y su capacidad para llenar melodías sencillas con una voz siempre enfocada, tanto en los momentos leves como en los incisivos sin sonar excesivamente pueril o arrobada, su buen hacer al piano y una tormenta interior de talento que se presume desde fuera envuelta en candor y naturalidad.

Cabe celebrar también una actitud tan desprejuiciada que permite a esta fan acérrima de Marisol abordar con coherencia e igual entusiasmo en su repertorio piezas tan distantes como "El puerto" de Isaac Albéniz, la que utilizó para examinarse de piano, o un divertimento de pop edulcorado como "Vas a volverme loca", de la también "extriunfita" Natalia (de OT1).

Es entonces donde se comprueba asimismo que Amaia no ha perdido su habilidad para dotar de sentido todo aquello que toca como intérprete y de enamorar en la distancia corta, como en la recogida "Porque apareciste", con el único acompañamiento de la guitarra española.

Especialmente celebradas han sido sus interpretaciones de temas propios como "Quedará en nuestra memoria" o "Cuando estés triste", también con ese guiño a la ciudad en forma del chotis "Si te casas en Madrid", recibido con ovación por el foro, igual que el anuncio que ha hecho ante los congregados.

"Siempre se dice que hace ilusión venir a Madrid, pero es así, a mi me hace ilusión porque tengo a muchos conocidos, cada vez me gusta más la ciudad y quiero venirme a vivir ya", ha dicho entre aplausos.

A la tempranera hora de las 20,30 ha dado comienzo el primero de sus dos conciertos aquí, en medio de un escenario sembrado de flores en este invierno frío de la ciudad y pulsando con igual brío primaveral las teclas de su piano con "Un día perdido".

Arropada por Paula Vegas a los sintetizadores y coro; Aleix Bou, en la batería; Núria Graham, en guitarra y coros, y Miquel Sospreda, al bajo, Romero ha demostrado que sus compromisos festivaleros previos han servido para forjar eso tan antiguo pero tan vigente y necesario para proyectarse sobre el escenario como es el concepto de "banda".

La exigua media hora de duración de su disco ha obligado a extender el repertorio con variaciones como la ensoñadora versión larga de "Última vez" y piezas inéditas como "Javier" o la vivaz "Me gusta bailar", mezclada esta con el "Medio drogados" de Los Fresones Rebeldes, a la que hay que sumar otros "covers" como "Qué nos va a pasar" de La Buena Vida.

En total ha ofrecido unos 80 minutos de concierto, pero en él ha habido tiempo para crear un buen número de atmósferas, para intercalar momentos álgidos e íntimos, algún apunte puramente instrumental y bastantes pasajes acústicos tanto al piano como a la guitarra ("Un nuevo lugar"), además de los armados con el resto de su formación.

A estos últimos ha pertenecido "El relámpago", el que fuera su primer sencillo oficial, escogido para poner atronador remate al concierto entre un cegador juego de luces, justo antes de unos bises reclamados con pataleta generalizada al grito de "¡Amaia, Amaia!" y servidos con "Desde que tú te has ido" de Cecilia (y el correspondiente "ooh" de estupor) y, frente a esos "rumores de invierno", un "Nuevo verano" que ha despejado el horizonte en Madrid.

Javier Herrero.