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Pinturas, grabados y acuarelas del maestro de la pintura Giorgio Morandi se exponen en Roma en una muestra que refleja la transformación interna que sufrió desde su juventud más experimental hasta su madurez más centrada en la búsqueda de la abstracción.

La exposición "Giorgio Morandi. 1890-1964" se puede ver hasta el próximo 21 de junio en el Monumento a Vittorio Emanuele II de la capital italiana.

Se trata de una "muestra irrepetible", tal y como explicó a Efe la especialista en Morandi, Maria Cristina Bandera, pues está compuesta por un centenar de obras, muchas de ellas pertenecientes a coleccionistas privados que han permitido, por primera vez, que el público pueda admirarlas.

Pero este recorrido por la vida de Morandi no solo está formado por piezas de coleccionistas, sino que también algunas se exhiben normalmente en museos como el Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou de París o en los Museos Vaticanos.

Y es que, a pesar de que apenas salió de su tierra natal, Bolonia, su obra, como la de otros muchos artistas universales, está repartida por todo el mundo.

Ahora, por primera vez, muchas de estas obras se ofrecen al público con la idea de realizar un viaje al interior de su pensamiento para descubrir las inquietudes, las contradicciones y la evolución hacia la madurez de este genio que logró dotar a los objetos inanimados de una fuerza y de una personalidad difícil de encontrar en otras obras pictóricas.

El recorrido comienza con una sección dedicada a sus grabados, pues, "además de pintor, fue un excelente grabador" de reconocida reputación.

El público que asista podrá ver los grabados pero también la tabla donde los realizaba, para "poder comprender la manera de trabajar" del que fuera profesor de grabado en la Academia de Bellas Artes de Bolonia.

Pero más allá de los grabados, la exposición cuenta con "una colección de pinturas al óleo importantísima" que se subdivide en dos partes: una primera formada por las obras realizadas entre 1914 a 1924 y una segunda, de 1924 a 1964.

"La primera sección es la época formativa de Morandi, donde experimenta y prueba", explicó la experta.

En este sentido, se pueden ver obras en las que aparecen numerosos objetos mezclados en cuadros al óleo o acuarelas en las que se representan figuras femeninas sin rasgos definidos porque su interés era "encontrar la esencia y no hacer un arte realista".

Durante estos años, Morandi descubrió la obra de grandes artistas del Renacimiento italiano como Piero della Francesca o Paolo Ucello, que influyeron en su modo de ver la vida.

También conoció la obra de Paul Cézanne, que será para él un gran referente, especialmente en sus bodegones, y entabla amistad con Giorgio de Chirico, también crucial en sus primeras creaciones.

Pero ya a partir de 1924, va desarrollando su personalidad y dejando un sello característico en sus obras que perdurará hasta los últimos años de su vida: los bodegones que anticipan el minimalismo de finales de siglo.

"Son objetos vistos siempre desde la altura de los ojos, de formato más grande y ya va dejando atrás las mezclas para buscar la sencillez", apuntó.

Así, se pueden ver cuadros con botellas o vasos como protagonistas, siempre opacos, que guardan cierta similitud pero que presentan en cada creación su propia esencia.

"Algunas imágenes pueden parecer idénticas, pero no lo son. Morandi decía que temía repetirse y por eso experimentaba con variaciones que espero que el público pueda apreciar", aseveró Bandera.

Los pasillos de la galería romana conducirán al público hasta los últimos años de Morandi, en los que sus cuadros se convierten en joyas abstractas, en las que sus objetos, de menor tamaño, "a veces resultan irreconocibles".

Eso es porque este pintor "muy formado y selectivo con sus amistades", como lo definió Bandera, "fue adoptando un estilo claro: el de partir de la realidad para plasmar su pensamiento".

La exposición concluye con dos secciones más, una dedicada a flores y otra a paisajes en los que también se muestra su crecimiento interior como pintor.

En definitiva, es una invitación a los asistentes a "vivir este camino artístico, esta evolución" que sufrió Morandi para poder "establecer un intenso diálogo" con uno de los genios de la pintura más importantes de Italia y a nivel internacional del siglo XX.

Galardonado con reconocimientos como el primer premio de la Bienal de Venecia de 1948 o el gran premio de la Bienal de Sao Paulo de 1957, Morandi fue homenajeado en diversas ocasiones por maestros del celuloide y sus cuadros aparecieron en películas como "La Dolce Vita", de Federico Fellini.

Laura Serrano-Conde