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Las "burradas", locuras y transgresiones que los "teatreros" catalanes de La Cubana hacían cuando nació, en 1980, serían ahora imposibles "por la normativa y por lo políticamente correcto" aunque no renuncian a su talante de "cómicos a la antigua", asegura a Efe su director y fundador, Jordi Milán.

Hace "un siglo", cuando hacían en la capital su primera obra, "Cubana's Delikatessen", acabaron "en el cuartelillo" porque la gente que seguía "el drama" de aquella mujer que se había quedado encerrada tras la persiana de un gran almacén creyó que la "lechera" de la policía que había acudido a ver que era todo aquel "follón" era parte de la obra y "acabaron tocándole el culo a los agentes".

La compañia, explica Milán (Sitges, Barcelona, 1951), celebrará el cumpleaños de La Cubana en octubre pero antes quiere despedirse "como se merece" de Madrid, con una función "sorpresa" el día 20 de este mes de "Adiós, Arturo".

La obra concluirá sus seis meses en cartel el 29 de marzo para viajar a Barcelona, donde se estrenará en septiembre y concluirá definitivamente su recorrido.

Cinco millones de espectadores para 10.000 representaciones en cien ciudades de sus dieciocho montajes después, La Cubana sigue reivindicando su carácter callejero y artesanal y su dedicación al humor buscando la complicidad del público.

Nacidos en el teatro de aficionados, la compañía la fundaron él y Vicky Planas, que acabaría dejándolo en 1988.

Por la compañía han pasado casi 200 personas y actores como Santi Millán, José Corbacho, David Fernández, Juan Ramón Bonet o Yolanda Serrano: "Siempre hemos tenido muy buen rollo con todos. La Cubana juega con el teatro de la vida y en ella se aprende una profesión, es muy artesanal".

La Cubana se ha regido muchos años por un sistema de cooperativa, pero era "muy complicado", así que ahora es una sociedad de la que son accionistas él y los actores Xavi Tena y Jaume Baucis, aunque todos y cada uno de los miembros de La Cubana cobran exactamente el mismo salario, el que corresponde a un protagonista.

"Nunca pensábamos que nos íbamos a dedicar a esto. Si lo hubiéramos hecho, nos habríamos hecho caca en los pantalones", bromea Milán, que recuerda que el nombre de la compañía lo copiaron de un rótulo que apareció en la tienda que tenía la madre de Vicky Planas.

Desde que despegaron con "Cubana's Delikatessen", que estrenaron en el Festival de Sitges del 83 y que consideran la obra con la que aprendieron las claves de su peculiar teatro, no han parado aunque todo se lo toman "con tranquilidad".

"Nunca vamos a hacer churros. Es nuestra forma de trabajar. Si otros necesitan cuatro meses para hacer una producción, nosotros un mínimo de ocho", detalla Milán.

Les gusta mucho la calle pero también las salas de teatro y por eso después de "Cubanas's Delikatessen" hicieron el que es su gran éxito, "Cómeme el coco, negro", "Cubanadas" y "Cubana Maraton Dancing", el espectáculo que representaron en las Olimpiadas de Barcelona.

Luego vino "Cegada de amor" con la que tuvieron, en los cinco años que estuvo en cartel, un millón de espectadores, y con ella se convirtieron en los primeros en hacer teatro en la Gran Vía, porque quisieron que la obra se viera en el Lope de Vega, entonces un cine.

"La historia de La Cubana es que todo se hace sin plantearse nada y luego funciona lo que hacemos. Cuando terminamos, lo que ganamos lo gastamos en la siguiente producción", revela.

"Al principio era tremendo. Eramos solo una promesa y no nos daban nada pero cuando fuimos una realidad, tampoco. Estos 40 años han pasado volando y parece que todo hubiera pasado antes de ayer. Hemos hecho lo que nos ha dado la gana y hemos recibido el reconocimiento del público. ¿Qué mas podemos pedir?", añade.

Concha Barrigós