EFEMadrid

Queen ha triunfado en Madrid con un concierto respaldado por un poderoso espectáculo visual y pirotécnico en el que han brillado con intensidad los veteranos del grupo, Roger Taylor (batería) y Brian May (guitarra), acompañados por el cantante Adam Lambert, quien ha confirmado su talento vocal.

El show, celebrado en el WiZink Center y al que se podrá asistir en otro pase este jueves, se enmarca dentro de la gira de "The Rhapsody", cuyas fechas tuvieron que ser canceladas por la pandemia hace dos años, cuando esta fue ideada al hilo del éxito cosechado por el biopic de Freddie Mercury "Bohemian Rhapsody".

Ante una figura "irremplazable", como ha definido al mítico cantante y compositor el propio Lambert, quien ocupa desde hace diez años su lugar en la banda como vocalista, el recital ha realizado un recorrido por los éxitos a través de versiones que, si bien recuerdan a las originales, no tratan de imitarlas.

A pesar de haber sorprendido al público con un espectáculo de animación, luces, humo y explosiones, los momentos más aplaudidos de la noche han sido los más íntimos, a cargo de los miembros de la respetada formación clásica, quienes, caracterizados por su elegancia británica, han mostrado con modestia su alegría por poder participar de la memoria de su excompañero.

El concierto ha comenzado pasadas las nueve y media de la noche con una ovación que marcaría el tono eufórico de la velada: tras la proyección de la heráldica de Queen, Adam Lambert ha ocupado el centro del escenario ataviado con una llamativa chistera y una casaca con motivos dorados, el primero de sus exhuberantes looks de divo.

A su izquierda, un Brian May de melena blanca y al que el evidente peso de los años no ha hecho de menos su porte de "gentleman" rasgaba con sonido cálido los compases de "Now I'm Here", que ha abierto el concierto entre los saltos y coros de la multitud mientras Roger Taylor, con gafas de sol, ejercía de metrónomo y una banda de piano, bajo y batería los respaldaba.

La colección de "hits" ha arrancado para quedarse hasta el final de la cita: tras la fusión de la primera canción con "Tear it up", han sucedido "Seven Seas of Rhye " y "Hammer to Fall" para romper definitivamente el hielo con "Somebody to love", en la que público y banda han realizado las características armonías a medias.

Lambert, que ha acometido seguidamente "Killer Queen" y "Don't Stop Me Now", se ha ganado al público con un timbre que recordaba al del fallecido mito pero que estaba lejos de su característica rugosidad, aunque con una dulzura cercana a la ópera ha dejado un alarde de virtuosismo al mantener el tono de las notas más largas.

Tras el turno de Roger Taylor con la versión de "I'm in love with my car", la vuelta de Lambert se ha producido a bordo de una chopper para entonar "Bycicle Race" y, tras una interpretación de "Another One Bites The Dust" que recordó a la original, ha vuelto a abandonar el escenario dejando solo a May, quien dejó su guitarra Red Special para interpretar una emotiva versión acústica de "Love Of My Life".

Ante la emoción del WiZink y a la luz oscilante de cientos de flashes, en las pantallas que flanqueaban al guitarrista ha aparecido la imagen de Freddie Mercury, quien, por un trucaje de video, parecía terminar a dueto con el guitarrista la canción, efecto que ha despertado el aplauso más intenso del espectáculo mientras la multitud coreaba con intensidad el nombre del mito.

Al recuerdo de tiempos pasados se ha unido la aportación de Roger Taylor con "Those Were The Days of Our Lives", que después en "Under Pressure" se ha encargado de desempeñar el papel de David Bowie.

"A Kind of Magic" ha hecho desplegar todo el poderío pirotécnico en un juego en el que cohetes parecían salir disparados del mástil de la guitarra de May, elevado en una plataforma ante imágenes de planetas orbitando a su aldededor.

El número de May, que hacía alusión a su profesión de astrónomo, ha emplazado al público en la recta final: éxitos rotundos como "Show Must Go On" o "Radio Gaga" se han sucedido en una atmósfera de celebración hasta una versión de "Bohemian Rhapsody" en la que nadie ha sido capaz de permanecer en el asiento ante la intuición de que aquello significaba el gran colofón.

Tras el aparente silencio, los obligados bises "Don't Stop Me Now" y "We Are The Champions" han cerrado la velada con un Lambert coronado y una afectuosa ovación a las viejas leyendas de Queen, últimos en abandonar el escenario y cuyo ímpetu a lo largo de toda la noche ha demostrado la atemporalidad de la mítica banda.

Salvador León.