EFEMálaga

Acabar con el conformismo y con la aceptación del machismo en la educación de los más jóvenes es una de las denuncias de "Las niñas", una película sin estridencias que Pilar Palomero presenta hoy en el 23 Festival de Málaga con el doble objetivo de hacer reflexionar y llevar al público a su infancia.

En una entrevista con Efe, horas antes de que su cinta abra la segunda jornada del Festival, Palomero precisa, de salida, que no ha hecho la película "contra nadie: todos hacen lo que creen correcto; quizá eso es lo que más miedo da", afirma.

"Lo más importante es el viaje de Celia y que el espectador, a través de sus ojos, rememore su propia infancia y piense cómo nos hemos ido formando poco a poco, con estas mochilas que cargaban nuestros padres y que nos colocaron a nosotros", señala Palomero que ya presentó su filme en la pasada Berlinale.

La hasta ahora cortometrajista, y autora de un documental sobre la pérdida, "Horta" (2017), ha escrito "Las niñas" con fragmentos de su memoria, "la sociedad del 92, las monjas, los grupos de música es autobiográfico; todo lo que se ve, los rumores, las amigas, las incursiones en el internado es autobiográfico".

Aunque en realidad todo empezó cuando encontró su cuaderno de religión de sexto de EGB; ahí estaba la inocente y ultracatólica redacción que escribe para el colegio a la protagonista.

"Ahí empecé a pensar, 'dios mío, ¿en el 92 nos decían estas cosas?', y me di cuenta de que toda aquella modernidad que supuestamente había en el 92 sencillamente no existía. Me di cuenta del tipo de educación que habíamos recibido, mujeres y hombres, en colegios de monjas y no", dice la debutante (Zaragoza, 1980).

En "Las niñas", la acción es aparentemente banal: chiquitas muy jóvenes que van a un colegio de monjas y hacen sus deberes, juegan a pintarse los labios por primera vez o fumar a escondidas.

Pero detrás de cada pequeño gesto -esa trenza que la madre no le peina por falta de tiempo, esa ropa moderna que lleva "la nueva" y que ella nunca puede tener hasta "el mes que viene"- desvelan el mundo real que es en el que viven.

Un universo en el que la España de la Expo, de los Juegos Olímpicos de Barcelona o de las recién llegadas a la televisión española "mammachicho" se ven en la tele, pero están aún muy lejos de la vida de muchas mujeres, como la de la madre de Celia (una acertada Natalia de Molina que vuelve al rol que le dio su primer Goya).

Son niñas que deberían ser muy distintas de las de ahora, y Andrea Fandos así lo cree, sobre todo, dice a Efe, por lo poco que tenían en cuenta las mujeres en los 90; "ciencia ficción" para este pedazo de actriz que no se ha formado en ninguna escuela y a la que Palomero nunca contó el guion completo, sino que "iba atando cabos".

"Era una sociedad distinta, pero trataban a las mujeres como si fueran mucho menos, y aunque ahora no esté conseguido aún que estemos a la misma altura que los hombres, por lo menos está un poco más avanzado", considera la joven promesa.

"Andrea es muy Celia", apunta Palomero, que "se enamoró" de ella en el corto "El comulgante", de Ignacio Lasierra. Incluso, esperó a que creciera para que protagonizara la película y bajó un poquito la edad de la niña del guion. "Es actriz, sabe perfectamente cómo modular las emociones, le puedes pedir un matiz que te lo va a dar", afirma.

Málaga ha sido el festival de jóvenes directoras; aquí han triunfado Elena Martí, Roser Aguilar, Carla Simón o Elena Trapé. La zaragozana Pilar Palomero ha llegado con todos los méritos para continuar la lista.