EFELugo

El cineasta Oliver Laxe considera el coronavirus una extensión más de la “porquería” que generamos los seres humanos, por lo que apela a la responsabilidad individual, única manera de detener nuestro exterminio, y al “equilibrio” entre el “ser y estar” y el “hacer y tener”.

“El coronavirus ya llegó hace tiempo. Los castaños tienen coronavirus, los olivos tienen coronavirus. Está todo lleno de plagas”, afirma Laxe (París, 1982) en una entrevista con Efe, en la que asegura que toda la porquería que generamos en nuestro día a día y la forma en la que consumimos y vivimos genera “desequilibrios” que “ya habían llegado a la naturaleza mucho antes”.

Aunque para el cineasta es “muy precipitado” aventurar cómo va a ser el futuro, ya que a partir de ahora “cambiará muy rápido”, sí que tiene claro que continuar por el mismo camino nos llevará irremediablemente al exterminio, porque la deriva es “exponencial”: “Ya se acabó el tiempo de las opiniones. No se trata de que te guste o no nuestro modo de vida, de que te parezca sano o insano. Se trata de que ya no es viable”.

“Tenemos que darnos cuenta de que esto está estrechamente relacionado con nuestra manera de estar y de ser en el mundo, basado en el hacer y en el tener. Y no precisamente en el ser y en el estar”, explica Laxe.

Y para él, eso pasa necesariamente por “dejar jugar a ser seleccionadores nacionales y de pensar en qué debería mejorar la sociedad” y plantearse en qué deberíamos mejorar nosotros. “¿Estamos seguros de que muchas de las cosas que hemos aprendido este tiempo han venido para quedarse?” pregunta, admitiendo que cuando se lo pregunta a sí mismo no lo tiene tan claro.

Según afirma el cineasta, “saber y no hacer es como no saber”, por lo que tras el éxito logrado con “O que arde”, Laxe decidió aplicarse el cuento y poner “equilibrio” en su vida al irse a vivir a Vilela, un pueblo abandonado en la montaña lucense, en la región de Os Ancares, donde nacieron sus abuelos y donde filmó su película.

“Mi cabeza me dice que estoy en el momento más importante de mi carrera y que lo aproveche. Me lo dicen mis productores, es obvio. Es el momento de acelerar, de presentar proyectos, esos que antes me costaba levantar y financiar. Pero estoy sintiendo otras cosas en mi cuerpo, estoy perdiendo la ambición, y de lo que se trata ahora es de rendirnos a lo que estamos sintiendo ahora”, afirma.

Para Laxe esta cuarentena “ha dilatado el tiempo”, algo que considera “muy valioso” y le ha permitido además realizar un trabajo de “limpieza interior”, pero también exterior, relacionada con el arreglo de las casas del pueblo donde ahora vive, desbrozando los caminos y limpiando las fuentes y las fincas.

“Estoy siendo la persona que llevo años queriendo ser. Compagino trabajo físico con trabajo más intelectual. Mis emociones, mi físico y mis pensamientos están más equilibrados”, explica Laxe, que no quiere volver a una vida “neurótica”, con un nivel de trabajo “demencial”, en la que tenga que estar, como ya le ocurrió, “todo el rato subiendo y bajando de un avión”.

"La vida es en realidad muy sencilla” y “ser feliz y autorrealizarse” es la mejor manera de ayudar y de ser solidario en una situación como esta, “para contrarrestar los miedos que circulan”, afirma.

Por ello, el cineasta ha decidido emprender un proyecto de “dinamización cultural y económica” en Os Ancares, la región en la que vive ahora, “una suerte de centro de desarrollo rural”, promovido con el apoyo de la Unión Europea y de la Diputación de Lugo.

El proyecto pretende proteger el patrimonio material e inmaterial del valle y contará con una docena de eventos culturales al año “muy ligados al desarrollo rural y la conservación del territorio”.

Según explica, contará con diversas líneas de trabajo, que incluyen talleres de recuperación de bosques de castaños y de silvopastoreo, talleres de cultura y arte y la “Butaca rural”, un cineclub de montaña para los vecinos de la zona, entre otras iniciativas.

El cineasta asegura que tras su experiencia con “O que arde” pudo comprobar la identificación que tienen los espectadores con el campo, un lugar en el que el sufrimiento es más “visible”, a diferencia de las ciudades, donde “es más sutil”, lo que deriva en enfermedades psicológicas o espirituales que no son diagnosticadas.

“El verdadero cambio implica una manera diferente de entender nuestra relación con el sacrificio y el sufrimiento”, explica el realizador, que cree que “aceptar nuestra fragilidad y experimentar un poco de dolor cada día” es lo que hace que el día de mañana, cuando llegue otro coronavirus, seamos “más sólidos”, estemos “más enraizados y que, en definitiva, suframos menos”.

Laxe está actualmente trabajando en el desarrollo de una película a medio o largo plazo, que se situará “entre Europa y África”, aunque de momento, en la búsqueda de ese equilibrio, su cuerpo le pide “otra cosa”.

“Creo que la mejor manera de hacer mi trabajo como cineasta es esta posición que estoy tomando, la de parar y observar el mundo con un poco de distancia”, explica Laxe, que se pregunta a sí mismo cómo es posible “abrirle el corazón a alguien” si uno mismo “lo tiene dormido”.

José Carlos Rodríguez