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Las películas de Mahamat-Saleh Haroun "siempre apuntan a una reflexión", explica, y en el caso de "Lingui, lazos sagrados" relata la dura realidad a la que se enfrentan las mujeres para abortar en Chad, donde está castigado, y las redes de ayuda y silencio que se establecen al margen de los hombres.

"Veo cómo crecen las noticias sobre recién nacidos encontrados en letrinas y pozos. Con siete años vi un grupo de mujeres hablando, intentaron apartarme pero entendí que se trataba de una tragedia. Habían encontrado un bebé en la basura", dice a Efe el cineasta chadiano sobre el punto de partida de su última película, que se estrena el 8 de julio en España.

Para el director y guionista, "la realidad es que estas cosas nunca han dejado de suceder". Y por eso decide abordar esta situación narrando, precisamente, los lazos que se tejen entre mujeres frente a este tipo de situaciones. "Son lazos sagrados porque existe un respeto, fortaleza, y una sororidad enorme entre ellas, un respeto profundo".

Seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2021 en la Sección Oficial, "Lingui, lazos sagrados", cuenta la historia de Amina (Achouackh Abakar), madre soltera de María (Rihane Khalil), su única hija de quince años, que descubrirá que está embarazada. Juntas, harán frente a las dificultades de abortar en un país como Chad.

Al igual que en casi todos sus filmes, el director pone el foco de sus historias en su propio país. "Siempre he rodado allí excepto dos de mis películas. Si no muestro imágenes de Chad, ¿quién va a hacerlo? Es un país llamado a desaparecer de los ojos y las mentes de la gente", explica el cineasta, que agrega ahondó en historias reales para realizar el filme.

"Hablé con muchas comadronas y enfermeras, pero no con mujeres que hayan abortado porque supondría ponerlas en peligro, hacer que las señalaran con el dedo", apunta el director, que precisamente resalta en la cinta esa confidencialidad entre mujeres. "No hablan con hombres porque, aunque tengan buena voluntad, pueden destaparlas".

En un país en el que la pena por abortar puede rondar cinco años de cárcel, el problema, es que además de ser condenado por la ley lo es también a los ojos del islam. "Estas mujeres viven en un sistema muy patriarcal, no pueden actuar libremente en espacios públicos, pero a cambio hacen una revolución en la que nadie traiciona a nadie".

El africano insiste, precisamente en este concepto de revolución porque "es algo constante", que, matiza, "se transmite de madres a hijas", y que plasma en una cinta que, aunque cuenta una historia dramática, lo hace sin cargar las tintas y con naturalidad sobre la realidad de miles de mujeres.

"Estas mujeres no se sienten víctimas, no se quejan de la suerte que tienen y a diario se enfrentan a situaciones tremendas. A través del cine, trato de devolverles una dignidad que es suya" explica sobre la cinta, en la que desde el silencio y la sororidad las mujeres del Chad construyen su propia red de apoyo, casi entre susurros.

Tras obtener por Bye-Bye África el premio a la Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Venecia de 1999, Mahamat-Saleh Haroun prosigue, más de veinte años después con su cometido, el de hacer cine "que visibilice e invite a reflexionar".

María Muñoz Rivera