EFEZaragoza

Una aguadora pasea por la zaragozana plaza del Pilar, mientras Saturno devora con ansia a su hijo y se escuchan los disparos de los fusilamientos del tres de mayo. Efectivamente, son los personajes de los cuadros de Goya los que se entremezclan en un "museo vivo".

Una recreación con la que culmina este domingo la Semana Goyesca, organizada por la Cámara de Comercio de Zaragoza con los ayuntamientos de Zaragoza y Fuendetodos y el Gobierno de Aragón, en la que han participado más de cien actores y figurantes de los grupos K de Kalle, Kaleidoscopio, Goyescos de Fuendetodos, Voluntarios de Aragón y Paseos al Pasado.

A los pies del monumento a Francisco de Goya de la plaza del Pilar, el mismo genio, esta vez de carne y hueso, ha aparecido entre el público, en un acto que se ha organizado con reserva debido a la pandemia.

Feliz de reencontrarse con la ciudad que le vio crecer y en la que descubrió su pasión, ha presentado a su primer cuadro viviente, 'La aguadora', que ha entrado con su cántaro apoyado en la cadera y su cesto, para él, "representando el carácter de las españolas y los españoles".

Anunciando el otoño, han llegado entonces los personajes de 'La vendimia', repartiendo uva garnacha aragonesa entre los asistentes antes de detenerse para emular esta obra que forma parte de la serie de cartones para tapices que representaban las cuatro estaciones del año.

"¡Necesitamos ver a la gente que juega! ¡Divirtámonos!", ha invitado entonces Goya, que ha dado paso a las mujeres vestidas de majas del cuadro de 'El pelele', al que han manteado para recrear esta escena popular.

El intenso sol del mediodía en la plaza del Pilar ha hecho que fuera muy oportuna la siguiente representación, 'El quitasol', un cuadro para el que fue fundamental "encontrar la luz" y que ha representado una pareja acompañada de su perro.

Con la determinación de cortejar a las damas asomadas a las ventanas, han llegado los dos protagonistas del cuadro 'Los zancos', cuyo tapiz estaba destinado a la decoración "de asumptos de cosas campestres y jocosas" del despacho de Carlos IV.

La diversión ha continuado con los grotescos seres de 'Los caprichos', que Goya pintó para "intentar contar a la sociedad que una oscuridad se nos cernía encima".

"Esta sociedad adormilada no supo que entraba en uno de los pasajes más oscuros de su historia", ha dicho antes de presentar 'El aquelarre', presidido por el Gran macho cabrío.

La visión de Goya de la Guerra de la Independencia se ha mostrado con tres cuadros: 'El dos de mayo de 1808 en Madrid' o 'La carga de los mamelucos', el retrato de 'El general Palafox a caballo' y el icónico 'Los fusilamientos del tres de mayo'.

"Francia venía a traernos la luz y al final, nos quemaron", ha lamentado el pintor, antes de que desfilaran los personajes de los fusilamientos por parte del ejército de Napoleón.

Ataviado con el sombrero típico francés, capote gris, mochila de piel y portando su fusil de avancarga y sable, el historiador Daniel Aquillué, autor del libro 'Guerra y cuchillo' sobre los Sitios de Zaragoza, ha explicado en declaraciones a Efe que con los fusilamientos "Goya no pinta algo heroico, sino que pinta algo dramático que, por cierto, en su momento no gustó".

"Un tres de mayo dibujé lo que nunca querría dibujar, lo que nunca habría imaginado que saldría de mi paleta", ha señalado el pintor de 'Saturno devorando a su hijo', una de sus "pinturas negras" que también ha paseado con zancos por la plaza del Pilar.

Y antes de desaparecer, el genial pintor ha dado su último consejo: "En vuestras manos está lo que queráis ser, tan solo tenemos que pensar en ello y llevarlo a cabo".

Inés Escario