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Un grupo de ocho antiguos residentes de la Real Academia de España en Roma ha regresado al que fue su hogar para "Volver a tomar la casa", el título de su instalación artística que se inaugura hoy y en la que recuerdan "lo que supone trabajar en comunidad".

La muestra surgió con la voluntad de reunir a este grupo de artistas españoles que, tras dejar su residencia en Roma, se unieron en Madrid en el espacio de creación Nave Oporto, y que años después regresan a la Academia para “repensar su práctica artística”.

"Vuelven para ocupar su casa, y las interacciones en esta ocupación de los espacios domésticos de la academia son los que le dan vida", explica a Efe la comisaria Marta Ramos.

La colección colectiva, que se podrá visitar hasta el 30 de abril, reúne un conjunto heterogéneo de prácticas que van desde la pintura o la costura hasta instalaciones digitales o escultura, y que se ubican fuera de los espacios tradicionales expositivos.

En la misma entrada del edificio histórico de la Academia, situado en la colina romana del Gianicolo y desde el que se puede disfrutar de una de las vistas más bellas de la capital, el artista Miki Leal inaugura el recorrido en una enorme cristalera cubierta de vinilos de colores que transforman el paisaje de la Ciudad Eterna.

La ocupación continúa en el patio interior de este antiguo convento franciscano, donde Miguel Ángel Tornero ha instalado varias esculturas que, al contemplarse desde el segundo piso, se vuelven bidimensionales creando "un juego entre el recurso digital y el físico", según describe a Efe el artista de Jaén.

Tornero sigue explorando la relación con las nuevas tecnologías desde la sala de los retratos, donde los visitantes, escaneando un código QR, pueden dar vida a través de un filtro de Instagram a las pinturas de antiguos residentes de la academia, que, como si se tratasen de cuadros de las películas de Harry Potter, comienzan a cantar y moverse.

"La idea es hacer una revisión de la masculinidad poderosa que representan todos estos hombres", relata el fotógrafo quien, con un toque de humor, hace que los artistas que pasaron por esa sala se "defiendan" del patriarcado que representan mientras cantan: "Lo siento mucho si la vida es así, no la inventé yo".

En sus instalaciones, algunas colocadas en los que fueron sus estudios de trabajo durante su residencia, los artistas reflexionan sobre el arte, la naturaleza y sus propias obras, como Belén Rodríguez, que recupera su escultura 'Meteorito Florescente', creada hace diez años con los materiales de su estudio y plásticos recogidos en la costa italiana.

La escultora invita a los espectadores a pensar sobre "qué tipo de sedimentos se enviarían si la tierra explotase en forma de meteorito" a través de su obra: una “comparación entre nuestros restos, que en cambio de ser cerámicas", como las que se encuentran en los museos romanos, "son plásticos", explica.

Los visitantes que se acerquen hasta la Academia podrán descubrir espacios hasta ahora desconocidos de este edificio histórico a través de la instalación de Nicolás Combarro, ‘El agujero’, en la que el artista gallego saca a la luz los subterráneos del convento, grabándolos y proyectándolos sobre las paredes de una cueva interior del muro.

Finalmente, escondido dentro de "la joya de la corona" de la Academia de España, el célebre Templete, Santiago Ydáñez hace un guiño a la historia de San Pedro, quien fue crucificado boca abajo, con una pintura de grandes dimensiones que retrata al apóstol y que siglos después consigue llegar hasta esta obra clave de Bramante.

Con este proyecto, la Real Academia de España se prepara para celebrar su 150 aniversario, que se cumplirá el año que viene, invitando a un pequeño grupo de sus antiguos residentes a ensalzar y "revivir lo que supuso estar trabajando en comunidad" en este centro cultural, remarcó la comisaria, también antigua becaria.

Andrea Cuesta