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Aún habiendo sido criada entre el flamenco puro de los Habichuela y el flamenco fusión de Ketama, hasta los 21 años no decidió Lucía Fernanda que quería dedicarse a la música. "Da mucho respeto venir de un apellido como el mío", alega la joven, última de los Carmona, ante el estreno de su primer álbum, "Yelem".

"Vengo de una familia de artistas tan grande que me daba mucho respecto alcanzar el nivel de esa música", insiste en una charla con Efe esta compositora e intérprete, nieta de Juan Habichuela e hija de Antonio Carmona y la representante Mariola Orellana, que se centró en intentar dar su "mejor versión, actualizada" y sin pretensiones.

Cuenta Lucía Fernanda (Madrid, 1996) que "desde pequeñita ya maquinaba cosas", pero sin tomárselo muy en serio y así fue pasando el tiempo, con la música como afición y trabajando "de lo que pillaba y veía". "Pero necesitaba algo más. No estaba del todo llena, hasta que me di cuenta de que era esto", rememora.

Con 21 años, guitarra en ristre, compuso algunos temas como "Felicidad", que está incluido en este primer disco. "Y desde entonces ya dije que necesitaba la composición en mi vida, porque era una forma de canalizar sentimientos y cosas que suceden a mi alrededor. Ya no podría vivir sin componer", remacha.

Con el impulso de querer aprender y formarse como artista, pasó dos años en Cambridge School of Visual & Performing Arts (Inglaterra), donde descubrió otras músicas de las que seguir nutriéndose, como el "soul" de Amy Winehouse o Erykah Badu.

Todo eso se sumó a sus escuchas de adolescente, en las que igual sonaba Bebe que La Mala Rodríguez, Las Niñas que Rosario, apostando siempre por la fusión flamenca de la que es heredera como descendiente de los Ketama, renovadores del género, que supieron mezclarlo con la música africana de Toumani Diabaté o la salsa.

"Ketama es mucho Ketama. Yo hago lo mío humildemente, pero sí me siento representada, porque nací en esa casa y es lo que he escuchado toda la vida", relata Lucía Fernanda, para quien lo suyo es más bien "la fusión de la fusión".

El resultado es una mezcla de flamenco con ritmos urbanos, fruto del trabajo con el productor Dj Tony Grox, que la encardina en un movimiento de recuperación del pasado folclórico español traído al siglo XXI, a cuya cabeza figuran gente como Rosalía o C. Tangana.

"Me alegra mucho que haya artistas que hagan eso y que se acuerden de las raíces del país, que es de donde venimos y nuestro sello en el mundo", señala al respecto Lucía Fernanda, cuyo más reciente sencillo, "Bailando con mi gente", nació de escuchar en el estudio unos tarantos de El Pescaílla. "Pensé que había que usarlo, porque ya nadie hoy en día canta y toca así", argumenta.

Este viernes verá la luz al fin su primer disco, "Yelem", que estaba previsto inicialmente para principios de 2020, antes del estallido de la pandemia, lo que la obligó a pasar "un año en blanco" en el que aprovechó para terminar de escribir canciones y de producirlas.

"Así he podido concretar bien este primer álbum mío que es tan importante para mí, así que de alguna manera ha servido para sacar algo bueno de lo malo", concluye sobre un trabajo en el que se combinan temas más enérgicos con baladas.

Su título alude al himno gitano, el "Gelem gelem", sobre el que compuso una letra en la que, de nuevo, se llevó toda esa herencia a su terreno. "Para mí es ese sentimiento que me hace libre, el del pueblo gitano, de mucho corazón y de pureza", cuenta.

Como artista femenina, esa libertad significa para ella "hacer lo que quieras, lo que te mande el corazón y sientas", convencida de que "estamos en un momento de total empoderamiento de la mujer", algo que no pasa inadvertido en algunas secuencias de sus videoclips.

"Paciencia" es algo que le han recomendado sus famosos padres, también "que disfrute y esfuerzo" para conseguir lo que quiera, a la espera de ese primer concierto el 24 de junio en la sala Clamores en el que presentará por primera vez su debut.

Javier Herrero