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Nominado al Oscar en 1997 por "Niños en el paraíso", el director iraní Majid Majidi vuelve a llamar la atención sobre la protección de la infancia en "Hijos del sol", una fábula a medio camino entre el drama social y el cine de aventuras, rodada con niños de la calle reales que se ven obligados a trabajar.

"Cuando escojo una historia la busco en la sociedad, me paso días y semanas en la calle investigando", asegura Majidi, que en este caso concreto y a través de un amigo descubrió un colegio especial para niños que trabajan gestionado por una ONG en el sur de Teherán.

"Son niños que la mayoría de las veces no están preparados para trabajar, tendrían que estar estudiando, pero la vida les ha obligado a ganar dinero para su familia; me gustaría que mi película tuviera algún impacto en la sociedad, en los gobiernos y organizaciones mundiales para ir en ayuda de esos niños", ha dicho el director a Efe.

La película, que se estrena en España el próximo 14 mayo, gira en torno a Alí, un niño de 12 años y sus tres amigos que hacen tareas auxiliares en un garaje para sobrevivir y ayudar a sus familias y de vez en cuando cometen delitos menores para conseguir dinero rápido.

Un día, Alí recibe el encargo de encontrar un tesoro oculto bajo tierra pero para ello debe acceder a un túnel que parte del sótano de la Escuela del Sol, una institución caritativa que intenta educar a niños de la calle, así que Alí y sus amigos deciden matricularse para poder empezar su misión.

El joven actor iraní Rouhollah Zamani ganó el premio a la mejor interpretación masculina revelación en el pasado Festival de Venecia por este trabajo. Majidi asegura que elegir a los actores fue "el desafío más grande" de esta película.

"A la vez que desarrollábamos el guion buscábamos a los protagonistas, eran niños trabajadores reales, vimos a unos 4.000, no solo en Teherán sino en muchas ciudades", explica, orgulloso de que Zamani ahora sea "famoso" y esté trabajando para una serie de televisión.

"Que mi película sirva para ayudar y generar esperanza para alguien es una gran alegría", sostiene.

Sobre la combinación de géneros, entre el drama y la aventura, dice que surgió de un modo natural. "La aventura forma parte de la vida de estos niños, no es algo que yo haya querido añadir".

Y en cuanto al tesoro oculto lo concibe como una metáfora del verdadero tesoro, que es la infancia. "Los niños son el futuro y el bien más importante que cada país tiene", defiende.

Rodada en su mayor parte en localizaciones reales, las secuencias más difíciles fueron las del Metro. "Son dos o tres secuencias que nos llevó dos semanas enteras rodar", señala. "Es difícil gestionar a la gente que pasa y que tienen su vida, aunque aprovechamos 150 personas extras que nos ayudaron".

Sin querer restar importancia al papel del Estado en la educación de estos niños, Majidi cree que es una responsabilidad de todos los ciudadanos en todo el mundo y recuerda que, según cifras de la ONU, unos 150 millones de niños se ven obligados a trabajar en todo el planeta.

"El sistema educativo tradicional no es válido para estos chicos, tienen unas necesidades específicas", dice. La escuela que él visitó depende de una ONG. "Se necesitan aportaciones populares, la gente tiene que entender su responsabilidad", insiste.

En su "Niños en el paraíso" de 1997 hablaba de dos niños pobres que pierden los zapatos y no se atreven a contarlo a sus padres. Veinticuatro años después, el cineasta iraní considera que ser niño es hoy aún más difícil.

"Con las guerras y la pandemia actual, que a su vez genera más empobrecimiento de las familias, los niños son las primeras víctimas. Creo que el tema de la infancia va camino de convertirse en una crisis de la humanidad", manifiesta.

Magdalena Tsanis