EFEZaragoza

El guitarrista Marcel Bagés, quien junto a María Arnal compone uno de los dúos musicales del momento, sostiene que la tradición oral, aquella que pertenece a todos y de la que bebe su música, les ha enseñado a "cantar sin complejos".

La música popular, y su riqueza, conforma la esencia de su primer álbum, "45 cerebros y un corazón" (2017), cuyos temas interpretarán este sábado en el Monasterio de Veruela, en Vera de Moncayo (Zaragoza), en un concierto dentro de su gira por España.

Canciones que, a la vez que suenan diferentes, resultan también familiares para quienes las escuchan, debido a los ecos de una tradición oral que María Arnal y Marcés Bagés han sabido mezclar con maestría con los sonidos más contemporáneos.

"Esa cultura y esos cantes es algo que compartimos", indica Bagés, natural de Flix (Tarragona) en una entrevista con EFE.

Y es por ello por lo que el dúo catalán, que descartó un nombre artístico y se decantó por lo más natural, sus nombres y apellidos, se ha sentido legitimado para intervenir sonidos folclóricos que "pertenecen a todos".

Los han hecho propios, apunta Bagés. Pero hay más: "La música de la tradición oral (que han encontrado tras bucear en fonotecas de todo el país) nos ha enseñado a cantar sin complejos".

"En muchas de esas grabaciones aparecía gente de la calle, que no era profesional, cantando y lo hacían maravillosamente", ha dicho.

Con esta propuesta alternativa se han convertido en uno de los acontecimientos musicales del año, en un momento en el que la música tiende a "homogeneizarse", en los "estilos y en los discursos".

No sólo su música rompe con esa tendencia, también sus letras. El título de su álbum hace referencia a una fosa común de la Guerra Civil encontrada en Burgos y da pie a hablar de lo que consideran una asignatura pendiente en España: la memoria histórica.

Un asunto que los políticos no han abordado por falta de voluntad, precisa Bagés, como sugiere la quinta canción del álbum, donde la voz melódica de María Arnal deja la palabra memoria a medias, dando a entender que todavía no se ha afrontado.

"Creo que, cuando haya una regeneración política, las cosas cambiarán", apunta Bagés, quien pone su esperanza en las nuevas generaciones: "La gente que no ha nacido en el franquismo no tiene complejos para cuestionarse por qué tenemos un rey o qué es eso de la Transición que nos han vendido como algo tan bonito"

Como integrantes de esas nuevas generaciones, el dúo catalán se cuestiona también esta realidad, pero sin una pretensión de intentar "influir" en la opinión pública, sino de "participar" de un pensamiento que, a su juicio, es "bastante generalizado".

"La música remueve y tiene una capacidad transformadora que con los años se intenta minimizar. Pero ahí estamos para que eso no pase", explica Bagés, para quien la cultura libre y de calle sigue siendo su "fuente de aprendizaje".

Y lo hacen con letras cantadas en catalán y en español, porque, según indica Bagés, han crecido "a partes iguales" con las dos lenguas y de forma natural. "El contexto político tiende a radicalizar las posiciones", sostiene.

Con esta propuesta, han llegado a conectar con mucha gente y en poco tiempo. Su primer concierto fue en 2014 y tan sólo cuatro años después han actuado en los principales festivales del país, junto a artistas tan diferentes como Vestusta Morla o el cantaor Botifarra.

Esto confirma que su estilo es difícil de definir, como reconoce Bagés, quien achaca este triunfo casi meteórico al "boca oreja" y al "enorme trabajo" que ambos han hecho por actuar en "infinidad de sitios" para que la gente les conociera.

En el futuro, ambos tienen claro que quieren introducir cambios y nuevos sonidos, probablemente la electrónica, que ya se deja entrever en su tema "Tú que vienes a rondarme". Pero eso llegará después de "descansar" y de "estudiar".

"Cuando haces un disco, vacías todo y tenemos la sensación de que, si hiciéramos otro, sería el mismo, y no queremos eso", matiza.

De momento, como anticipo de lo que vendrá, el dúo catalán promete tocar algún tema nuevo en el Monasterio de Veruela.

Marta Salguero.