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En "Fuenteovejuna.Historia del maltrato", que se estrena este jueves en el teatro de La Abadía de Madrid, la directora Marianella Morena establece un vinculo vivo entre el pasado y el presente a través de Lope de Vega. "La escuela de la tiranía no ha muerto, tiene resiliencia y se adapta a todos los tiempos".

Con gran presencia internacional, Marianella Morena (Sarandí Grande, Uruguay, 1968), es una dramaturga comprometida, generosa y con gran sensibilidad, valores que traslada a su trabajo con el fin de que el espectador "se sienta libre y exprese sus sentimientos en función de su sensibilidad", ha contado este jueves a Efe durante una charla antes del estreno.

"Que ría o llore en el teatro sin tener en cuenta al señor que tiene al lado", ha añadido Morena, que vuelve a dialogar con los clásicos, en esta ocasión con Lope de Vega para situar a "Fuenteovejuna" en un supermercado del siglo XXI.

Un lugar, que si al principio de la pandemia, se convirtió en indispensable, foco de actividad y esperanza en ciudades fantasma, en la obra es el escenario de la tiranía, donde los empleados se sienten amenazados por las ínfulas del jefe tirano.

"Hay mucha tiranía a nuestro alrededor", ha dicho la dramaturga, quien cree que "matando al tirano no se mata la tiranía", es más añade: "La escuela de la tiranía no ha muerto, tiene resiliencia y se adapta a todos los tiempos".

Aunque ha reconocido que la tiranía invisible es la más peligrosa, "esa que se adapta a nuestro comportamiento y a veces nos hace ser más cosas que personas", puntualiza que "el consumo nos anestesia, nos hace ser prisionero de su sistema".

"Tras la covid, nada ha cambiado, hay mas pobreza y depresión", ha señalado Moreno, quien ha recordado que en un primer momento había "una ilusión, los filósofos hablaba de que este mal iba a hacer bien a la humanidad".

Pero no ha sido como se preveía, "levantamos la bandera antes de que sucediera", ha añadido Morena, quien considera que "fuimos infantiles, pensamos que la miseria era menor, no soportamos la propia angustia y volvimos a un egoísmo preponderante".

"En este momento veo solo la voracidad de disfrutar el cuerpo, el que come, el que baila, el que va al teatro, y eso está muy bien, pero veremos a ver hacia donde va ese hedonismo", ha añadido.

Vuelve a trabajar el musical, un recurso que le permite dar saltos en los ritmo. "La música es muy generosa me permite llevar un ritmo en el lenguaje sin dar explicaciones, tiene mucha poética".

Además, ha señalado que la música cumple un rol muy importante en la denuncia, "no es lo mismo decir algo cantado que hablado, no tiene la misma fuerza", ha contado.

Es una pieza "arrolladora", que no da respiro al espectador, "una máquina demoledora". "Me interesa que el espectador no se mueva de la butaca", ha concluido Morena, que reivindica el escenario como una tribuna de opinión desde la que se denuncia el abuso y reivindica que la riqueza se distribuya.

"La riqueza es una obscenidad, me da pudor acumular, mientras el mundo se cae en pedazos, pero el mundo sigue egoísta", se ha lamentado la directora, para quien el consumo invade, "te hace olvidarte de ti mismo, pierdes el control y termina creando frustraciones".

Morena, que se formó como actriz en Uruguay, Argentina, Francia y Polonia, pero desde hace más de veinticinco años se dedica fundamentalmente a la escritura teatral y a la docencia, es autora de dieciocho textos dramáticos que han sido montados en escenarios de varios países latinoamericanos y europeos.

Carmen Martín