EFEBarcelona

La escritora Marta Sanz evoca en los cuentos de su último libro, "Retablo", la gentrificación de la ciudades y sus efectos, unos relatos con los que quería explicar "los cambios de mentalidad, uso y costumbres" derivados de ese proceso.

En la presentación del libro, Marta Sanz ha explicado este jueves en Barcelona que los dos relatos querían dar cuenta de "las transformaciones que se producen en el centro de las ciudades grandes y medianas en los últimos tiempos".

Sanz trata de reflejar "el proceso de cómo las nuevas tecnologías y los nuevos patrones de ocio pueden generar áreas de conflicto entre especies en extinción, personajes resistentes y absolutamente impermeables a cualquier idea de progreso".

Frente a esas especies, detecta la escritora otra población "más instalada en la incertidumbre, que quiere reconocer sus raíces, pero no se blinda frente a esas transformaciones; y otra que asume las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio de manera acrítica".

De ese panorama difiere, a su juicio, una reflexión sobre los límites de vigilancia y libertad, el vértigo, la prisa, y cómo la globalización ha convertido a nuestras ciudades en "espacios descoloridos", por efecto de las franquicias, por ejemplo.

La intención última de Sanz con "Retablo" (Páginas de Espuma) era "hablar de esos procesos de conflicto en un mundo en transformación absolutamente vertiginoso".

En "Extraños en un tren (versión amarilla)" aparecen dos señoras, "mujeres solas precarizadas, que necesitan encontrar vínculos fuertes que ya no existen en la sociedad en que vivimos".

Más allá del cariño que procesa a esos dos personajes, Sanz escribe sobre su propia incertidumbre, su propia incomodidad, sobre la incapacidad para asimilar los cambios, y que en ningún momento es resilente".

Sanz confiesa que no es adaptativa, e intenta "buscar el lado más oscuro, tanto de lo que nos queda como de lo que vendrá" en un texto que no esconde su homenaje valleinclanesco, con "un sentido del humor en el que la sátira pretende colocar a quien habla al lado de los personajes que retrata, es decir, en el mismo lugar de incertidumbre".

Si el primer relato es "un perverso homenaje al género negro, representado en este caso por 'Extraños en un tren' de Patricia Highsmith", autora de la que se siente "absolutamente confesional", en el segundo, "Jaboncillos dos de mayo", la inspiración es el cuento "Aceite de perro" de Ambrose Bierce, que transita más por el terror.

"En el género del terror las cosas familiares se convierten en extrañas y las transformaciones urbanas también han cambiado las ciudades en algo también extraño y ajeno", repone Sanz.

Con el ilustrador Fernando Vicente, Marta Sanz comparte "el sentido del humor, los referentes culturales y la manera de entender el realismo desde una perspectiva nueva, que no es un homenaje mimético".

La petición de Sanz al editor era que el libro destacara por su sensibilidad, por el realismo de esas esquinas del barrio de Malasaña.

"Llevo veinte años viviendo en Malasaña y siempre que escribo tengo la idea de que tenemos que desarrollar nuestra capacidad de observación; y por eso es fundamental para mí hablar de territorios que conozco muy bien", subraya la autora de "Susana y los viejos", a quien gusta saber "cómo huelen, si hace frío o calor, y lo que sucede".

El ilustrador Fernando Vicente, fan declarado de Marta Sanz, hace un guiño al planteamiento de la escritora en el primer cuento: "Hay un homenaje a Hitchcock y la película homónima de Highsmith con la escena del tren".

Y para subrayar la trama de suspense, intercala pequeños bodegones, como un trozo de mesilla o un buzón del correo.

Para el segundo relato, Vicente evoca el barrio de Marta Sanz, visto con la mirada del que habita Malasaña.