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El concurso internacional para Dirección de Orquesta de Tokio llevaba quince años desierto, pero el bilbaíno Diego Martín-Etxebarria consiguió fascinar al jurado y romper el maleficio con su forma de conectar con la orquesta y su expresividad. "Aún no me lo creo", asegura.

Martín-Etxebarria (1979) ganó el pasado domingo no solo el máximo galardón de la XVII edición de este certamen trienal sino también el Hideo Saito Award, que la familia del director nipón del mismo nombre quiso conceder al español por su calidad, y el Asahi Award.

"Yo creo que gané el concurso principal por dos cosas: por la conexión con la orquesta, con la que tuve un intercambio de energías tan fuerte que hicieron que me olvidara de que era una competición y porque valoraron mi forma pasional de dirigir, mi expresividad", detalla en una entrevista con Efe el músico.

Recién llegado de un viaje de más de veinte horas y sin apenas descansar para incorporarse a los ensayos con la Orquesta de Euskadi para interpretar el jueves en San Sebastián un programa de homenaje a Tomás Aragües, asegura que su afán es siempre conectar con los músicos, que su forma de tocar sea tan expresiva como él mismo, "pero sin coreografías", se ríe.

Por eso, y al revés de algunos de sus colegas, cuando baja del podio no le duele nada por largo que sea el programa y su sensación es de "alegría total".

"Tengo una suerte increíble: me dedico a lo que siempre he querido hacer y es complicadísimo porque a pesar de que no vivimos en un mundo que haya un gran interés por la música clásica, hay muchísima competencia".

Tanta que a este concurso se presentaron 239 músicos de 29 países, que debían mandar su currículum y un vídeo dirigiendo una pieza, y de ellos sólo 18 recibieron una carta invitándoles a participar en las rondas preliminares.

De los 16 que finalmente fueron seleccionados, ocho fueron eliminados tras dirigir a la Japan Philharmonic Orchestra en la Sinfonía 39 de Mozart y el Divertimento para Cuerdas de Bartok.

Los otros ocho tuvieron que pasar una nueva prueba, esta vez dirigiendo a la New Japan Philharmonic, con los Preludios de Listz, la Introducción y Rondo Capriccioso de Saint Säens y el concierto para piano y orquesta de Akira Miyoshi.

En la última prueba, ya solo con 4 candidatos en liza, dirigieron las Variaciones sobre Tema de Haydn de Brahms y cada uno una obra distinta, que le adjudicó el jurado: "Yo estaba encantado porque me tocó la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, una obra preciosa y muy expresiva, pero mis compañeros tuvieron otras igualmente fantásticas".

"Nunca se me ocurrió que fuera a ser quien rompiera el maleficio de 15 años sin ganador. La importancia del concurso es tal que el simple hecho de recibir la carta de invitación era ya un premio. Todo lo demás es un extra. Cuando dijeron mi nombre fue espectacular", rememora sobre uno de los certámenes más importantes del mundo, fundado en 1966.

El premio es, dice, "una ayuda fantástica" porque implica, además de los 20.000 euros de los tres galardones que ha ganado, una gira por Japón al año que viene al frente de las orquestas de Osaka, Nagoya y la Yomiuri, y, sobre todo, subraya, "tener presencia en los medios" porque, al final, su trabajo "tiene sentido" si el público va a verles.

Afincado en Berlín, donde reside desde hace ocho años con su mujer, cantante, está convencido de que su carrera hubiera sido "distinta" si no se hubiera ido a Alemania, porque para un músico, afirma, es importante trabajar en distintos países.

Su sueño es vivir del escenario hasta que se muera, seguir haciendo conciertos. "Claro que me gustaría dirigir a la Filarmónica de Berlín, pero lo que quiero es no parar", confiesa.

Especializado en el repertorio operístico, Martín-Etxebarria dirigirá "Powder her face", de Thomas Adès, en el Teatro Arriaga de Bilbao y debutará ante la Filarmónica de Málaga, antes de dirigir la nueva producción de "Norma", de Bellini, en el Théâtre des Champs Elysées de París.

Por Concha Barrigós.