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A diferencia de lo que ha reflejado la historia escrita por los hombres, la mujer prehistórica no se limitó a recolectar y quedarse en la cueva, sino que pudo ejercer como cazadora, artista e incluso chamana, según defiende la prehistoriadora francesa Marylène Patou-Mathis.

La popular investigadora y arqueóloga francesa, directora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés (CNRS), acaba de publicar en español "El hombre prehistórico es también una mujer" (Lumen).

Patou-Mathis (París, 1955), experta en neandertales, está en España presentando su nuevo libro y subraya en una entrevista con Efe que la historia ha bebido "de prejuicios que están basados en la sociedad actual patriarcal".

Sobre estos mitos que nos han llegado a través de los años acerca de las mujeres metidas en la caverna, la investigadora puntualiza que estas no estuvieron limitadas a la realización de determinadas tareas, sino que también cazaron y fueron a la guerra, como las celtas, de las que se tiene evidencia científica.

"Ahora hemos visto que en Perú se han encontrado cazadoras de hace 9.000 años. A veces en el mobiliario funerario podemos encontrar también sepulturas de cazadoras con sus armas y artilugios de caza", añade la prehistoriadora, que hace hincapié en que "a la hora de mirar al pasado, es muy importante hacer ver a la gente que la evolución del ser humano, la cultural también, se ha llevado a cabo por los dos géneros, y no solo por los hombres".

El arte rupestre prehistórico es otro terreno en el que se ha intentado invisibilizar el papel de la mujer. No obstante, Patou-Mathis no descarta que fueran ellas las que realizaran las pinturas, grabados o estatuillas que han llegado hasta nuestros días.

"Siempre se ha dicho, por ejemplo, que los hombres pintaron la cueva de Lascaux (Dordoña, Francia) ¿por qué? ¿dónde está la prueba? También pudieron ser mujeres, no hay prueba ni de lo uno ni de lo otro, pero siempre se dice que fueron hombres porque ellos pintaron, fueron a la guerra, hicieron las casas y la cultura", aclara la científica.

"La primera prehistoriadora apareció en 1950 y la prehistoria apareció como ciencia en el s. XIX. Siempre han escrito la historia los vencedores, no hay que olvidarlo", recalca Patou-Mathis, quien además incide en que "la antropología física hizo mucho daño en el S. XIX al ser humano" al establecer razas superiores a través de mediciones.

REVERTIR IDEAS PRECONCEBIDAS

Sin embargo, la investigadora cree en la posibilidad de revertir todas estas ideas preconcebidas desde la escuela, ya que "si demostramos que no fueron siempre las cosas así podremos cambiarlas, pero si pensamos que el sistema natural es el patriarcal entonces no podemos hacerlo", sostiene.

"Creo que es importante reconstruir otro sistema en colaboración, no de los unos contra los otros. No podemos construir algo si hay un enfrentamiento. No podemos seguir estando dominadas, pero todo esto hay que hacerlo poco a poco, haciendo que se comprenda. Por eso he escrito el libro, para poder aportar argumentos a las personas, a las científicas y a las feministas actuales también", cuenta.

La investigadora sitúa el nacimiento del patriarcado en el sedentarismo, hace 12.000 años.

Cuando de los clanes se pasa a las familias, "los hombres empiezan a controlar a las mujeres para estar seguros de que sus bienes se transmiten a sus hijos", argumenta.

A la autora de "Neandertal de A a Z" le molesta el uso de la palabra "matriarcado" y en su lugar habla de la posible existencia de sociedades "matrilineales", es decir, la transmisión de la tradición y de la cultura a los hijos a través de la madre, pero sin ejercer ningún tipo de dominio.

Patou-Mathis estará mañana, 16 de septiembre, en el Espacio Fundación Telefónica, en Madrid, para participar en el ciclo #RepensandoElMañana y seguir divulgando, como en "El hombre prehistórico es también una mujer", acerca de la necesidad de incluir la perspectiva de género en la prehistoria y en la historia y dinamitar así los prejuicios que se tienen sobre los roles de las mujeres de la época.

Por Natalia Ibáñez Guinea