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El escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez acaba de publicar en España "La ola detenida", el primer caso de la detective Magdalena Yaracuy, una mujer libre, "incorrecta, de las que no viven pendientes de cumplir un manual", insolente, independiente y bruja.

"Magdalena Yaracuy -explica el escritor en una entrevista con Efe- es como son hoy día muchas mujeres, es como son mis amigas, que escapan de los conceptos en los que las podía haber encasillado el machismo, pero también el feminismo. No son correctas, ni viven pendientes de cumplir un manual, ya no el de los hombres, sino el de nadie".

"La ola detenida" (HarperCollins Ibérica) es la decimoquinta novela del escritor, que ha salpicado su obra literaria con libros de relatos como la brillante "Hasta luego, míster Salinger", y la primera en la que aparece Yaracuy.

"Lo primero que pensé fue en ella, no en el lenguaje, no en la historia. En una detective que se ayuda de la brujería de María Lionza, una deidad mítica del folclore venezolano. Pero no es una bruja muy talentosa -aclara el barquisimetano-, me resultan entrañables los personajes que tienen una pasión para la que no están demasiado capacitados; da una visión muy pura".

Y se explica: "No es lo mismo correr los cien metros lisos y ganar, que correr porque te gusta y llegar siempre el último. Pues Magdalena Yaracuy en el mundo de la brujería siempre llega de últimas. Y como no era muy buena, se vino a España, porque aquí no tenía competencia".

Así presenta el autor de "Los maletines" a esta mujer sensual, brillante, luchadora, capaz de desenvolverse en muchos ámbitos, y llamada "al rescate", cual príncipe, bromea Méndez Guédez, porque "ya es tiempo de cambiar el cuento".

A Yaracuy la contrata un importante político conservador español para que busque a una hija díscola de la que ha perdido la pista en Caracas; como varios hombres han fracasado en el intento, ella acude con sus técnicas de brujería "marialionzera", aunque sus recursos son mucho más amplios.

La novela descubre que en Caracas existen mediadores de secuestros y grupos paramilitares pagados por el gobierno, que los delincuentes lanzan granadas y tienen rifles militares, que "te despiertas y no hay agua, que te falta la luz, que no tienes antibióticos, y sólo son las diez de la mañana".

"La realidad venezolana es así de compleja; cuando empiezas a escribir sobre ella tienes que aplicar una suerte de economía narrativa porque, si la tratas de colocar tal cual es, te queda un producto inverosímil y narrativamente ineficiente. Hay que recortar. Ella viaja al infierno y el infierno es Venezuela", resume.

Como no podía ser de otro modo, el escritor que da voz a la mujer en todas sus novelas, apuesta por una diosa.

La novela está impregnada del universo religioso de la popular reina de la montaña de Sorte que el autor conoce bien porque en su infancia y adolescencia conoció a muchas mujeres santeras, incluso -desvela- asistió a los ritos que cuenta en la novela.

Aunque no descarta seguir narrando "por capas" la vida de Yaracuy, no se ve capaz de "dedicarle su vida", "igual que ella no lo haría conmigo", de modo que su próximo trabajo saldrá del registro de novela negra para meterse de lleno en la fascinación de la diosa.

"La presencia de María Lionza es muy circunstancial en la literatura venezolana, y siempre de gente que lo miraba de fuera", explica el autor de premiadas novelas como "Una tarde con campanas", "Arena negra" o "El baile de Madame Kalalú".

Kalalú, la ladrona sibarita, aparece de refilón en "La ola detenida"; Méndez Guédez no descarta, para fruición de sus lectores, enfrentar algún día a estas dos potentes mujeres.

"La ola detenida" es un modo poético de nombrar el Ávila, la montaña que arropa Caracas y que, según la leyenda -que Méndez Guédez no ha podido comprobar- "es una ola que iba a arrasar la ciudad y un dios la paró y la convirtió en piedra".

"Trabajé frente al Ávila en 1992; me gusta pensar que cuando supe aquella historia, empecé a escribir esta novela".

Alicia G.Arribas