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Teatro del absurdo pero con acotaciones milimétricas, una paradoja que Beckett sublimó en la última de las obras que escribió con duración "convencional", "Los días felices", que Pablo Messiez dirige para el Centro Dramático Nacional (CDN) con "obediencia" total a las pautas del irlandés.

La obra (1963) se estrena el día 26 en la sede del CDN en el Teatro Valle Inclán, interpretada por Francesco Carril (Madrid, 1986) y Fernanda Orazi (Buenos Aires, 1975).

Beckett (1906-1989) nunca quiso dar explicaciones sobre el contenido de una obra que sitúa a su personaje femenino, Winnie, enterrada en una tierra calcinada y al masculino, Willie, reptando a su alrededor todo el tiempo que dura el monólogo de "felicidad" de ella.

"Quiero enterarme de qué va preguntándole a la gente que la ha visto. Estamos haciendo lo que queremos como queremos. Me interesa cada vez más hacer teatro como este, que solo pueda ser teatro, ni televisión, ni cine ni nada más. No caer en la tentación de dejarse ir en la palabra", ha explicado Messiez en rueda de prensa.

Acompañado por los actores y el director del CDN, Alfredo Sanzol, el argentino, para quien "obedecer" es "saber escuchar", ha precisado que en su propuesta ha decidido sumar a "la tierra" del original una montaña de escombros, los que sepultan a Winnie.

Ha preferido que los personajes fueran más jóvenes que en el original y que Winnie mantenga su acento porteño porque le parece que sus agudos son muy similares "a los del inglés de la clase alta".

"Beckett ya me dice cuál es la repercusión de las palabras en los cuerpos. Él es el autor de la economía y la precisión. Lo teatral aparece en las pequeñas cosas como el temblor de la voz o su musicalidad", ha añadido.

La actriz, de la que solo se ve el torso en medio de la montaña y que se mantiene erguida al principio sentada en un taburete alto y al final, cuando ya solo se le ve la cabeza, en una silla baja, ha subrayado que Beckett es "escritor de la obra, no solo del texto".

La obra, ha señalado la bonaerense, no puede hacerse "con medias tintas, porque te expulsa. El material te aborda a vos. Hemos obedecido a Beckett en un gesto voluntario y entrado en la propuesta de forma radical para encontrarnos con su mundo".

No siente que esté actuando "atrapada o limitada" por estar "enterrada" sino más bien al revés, porque eso "ha disparado una libertad expresiva en otras formas que voy descubriendo".

Para Carril, "Los días felices" es "como un manual de instrucciones" en el que "los límites te pueden hacer "muy libre" y afirma que sus silencios mientras asiste al parlamento de Winnie "son casi un exceso de sentido, un monólogo propio".

"Es muy curioso escuchar una obra sin verla -su personaje está casi siempre de espaldas-. He podido abrir mis sentidos a cosas que normalmente no percibo", ha detallado el actor, que cada día debe someterse a una sesión de hora y media de caracterización.