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"Al principio", cuando Miguel Poveda se convirtió en el primer flamenco que ganaba todos los grandes premios de La Unión, "ambicionaba la fama" pero ahora, cuando cumple 30 años de carrera, sabe que su bien más preciado es "el prestigio", como lo saben los artistas que le escoltarán el día 23 en el Wizink Center.

Raphael, Manuel Carrasco, Ana Belén, Miguel Ríos, Lolita, Niña Pastori, Antonio Carmona, Sara Baras, India Martínez, Jesús Carmona, Israel Fernández, Pitingo, Marino Saiz y Rosario La Tremendita son los amigos y colegas que le acompañarán en el escenario, "un sueño" que le tiene "flipando todavía", asegura en una entrevista con EFE

"Siempre he acudido a la llamada de mis compañeros y cuando ahora he sido yo el que ha llamado me he quedado boquiabierto porque la respuesta ha sido increíble. Solo faltará Joan Manuel -Serrat- porque está en Costa Rica", ha detallado.

El catalán (Barcelona, 1973) ya había celebrado sus 25 años en un concierto único en la Plaza de las Ventas, donde también estuvo acompañado por grandes como Carmen Linares, la que le dijo cuando le conoció que "no parecía un cantaor".

Si el recinto taurino le parecía a Poveda "territorio comanche", por la dificultad para llenarlo, el Wizink Center es "una locura": "cuando me lo propusieron lo primero que dije fue 'pero cómo voy a llenar yo eso, que no soy Elton John'", se ríe, feliz de saber que ampliarán el aforo.

El repertorio de los temas que hará con sus "fieles escuderos" lo ha elegido él pero también ha habido alguno, como Raphael, que le ha pedido un tema en concreto.

Con él interpretará, desvela, "Gracias a la vida"; con Ana Belén y Miguel Ríos, "Sonetos y poemas para la libertad", los versos de Ángel González que grabó con música de Pedro Guerra; con Lolita un homenaje a su padre, El Pescaílla, y con Manuel Carrasco un tema del onubense, "Mujer de mil batallas".

"Yo cantaré en solitario siete u ocho temas... La pregunta de cuánto va a durar el espectáculo me la hacen todos. Mi objetivo es no pasar de dos horas y media pero eso se lo digo a los técnicos, se ríen y se van", bromea el cantante, que reconoce que los tiempos "se le van" porque le gusta mucho interactuar con el público.

"Tengo que hacer como Raphael, que canta 23 ó 24 temas y todo va pim, pam, con solo unas palabras suyas en un solo momento", compara admirado.

Le parece "impensable" ser la misma persona que cantaba, tímido y escondido detrás de su sonrisa de quinceañero, en las peñas flamencas de Barcelona, cuando lo que ansiaba era que le conocieran, tener fama para poder seguir actuando "y no parar".

"Lo que he adquirido con este tiempo es el prestigio y el respeto de los compañeros y eso es lo más valioso. Eso es lo que más me impresiona. También cada año he ido teniendo un compromiso más y más fuerte con la Cultura. Me interesa defender valores a través de la música más que hacer un disco que sea un 'pelotazo'", asegura el artista, que ha dedicado su último disco a poemas de García Lorca.

Dentro de 30 años, se ríe, lo mismo "ya no está" pero en el caso de que sí, "que para eso se cuida", le gustaría seguir cantando "siempre y cuando conserve las facultades que tiene Raphael o María Jiménez o las que tenía Chavela Vargas".

Antes de ese tiempo lo que sí querría es hacer una antología del cante tradicional flamenco, pero para hacerlo aún "le queda mucho por aprender", porque un trabajo así tiene aspiraciones didácticas "y casi de cátedra" y tiene que estar todo "muy pero que muy bien hilado y fino".

Está muy contento con su carrera, de lo mucho que ha recorrido en este tiempo y ya se está "quitando la espinita" de no haber hecho más giras fuera de España: "poco a poco lo voy consiguiendo y este año ya hemos estado en México, Buenos Aires, Nueva York y Miami", entre otras ciudades.

En lo personal está igualmente feliz, volcado en su familia y en su hijo de casi 5 años, Ángel, cuyas "alas" lleva tatuadas en un brazo y en otro su nombre junto a una jaula de la que salen pájaros: "me lo hice en un momento difícil el año pasado porque me querían enjaular y yo soy muy libre", reivindica.

Por Concha Barrigós.